Acoso callejero: no tienes derecho

Acoso callejero: no tienes derecho

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Estás parada en medio de la calle, sola y pensando en tonterías. No te imaginas que de pronto un tipo cualquiera se pare junto a ti, y pretenda chocar con tu cuerpo para tocarte. Y antes de que puedas soltarle una patada, de seguro va a salir corriendo.

Las mujeres no se defienden de sus acosadores, porque éstos huyen antes de tener la vergüenza de verlas a la cara. La gran mayoría son inadaptados sociales, cuyo único contacto con el mundo es manosear a mujeres desprevenidas.

En México, como si aún viviéramos a años luz de distancia, todavía hay mucha ignorancia respecto a los derechos de las mujeres, y la violencia hacia su género es un tema de todos los días.

Según datos de la Procuraduría General de Justicia, de la Ciudad de México, en la capital se registran más de 250 denuncias de abuso sexual contra mujeres cada mes, muchas relacionadas con acoso callejero o en el transporte público.

Claro que acoso no sólo es tocar, hacer miradas obscenas o gritar palabras, en el mismo sentido, también es una forma de agredir, que además está estipulada en la ley mexicana como un delito que debe pagarse con cárcel.

Sin embargo, por desgracia las leyes en México no hacen un marco moral del comportamiento de las personas, y ni siquiera inspiran miedo a romperlas.

El acoso callejero a las mujeres está demasiado arraigado en una cultura machista que predomina en el país, no hay concepto alguno sobre el respeto al cuerpo femenino, ni de la individualidad de ellas, frente a ellos. En pocas palabras, las mujeres mexicanas andan por la calle como si fueran objetos de placer de los hombres, listas y dispuestas para satisfacer sus instintos, pero sin que nadie se queje, porque entonces se les acusa de “feminazis” y otras barbaridades.

Peor aún es la cobardía con la que circulan los acosadores, buscan mujeres distraídas y las atacan sin dar la cara, salen corriendo y no vuelven, como si su delitos fuera un chiste o una gracia mal hecha. Nadie sabe quién les dio derecho de acercarse, molestar y tocar; ¿quién?

Por desgracia, no hay manera de detener estos crímenes más allá de un cambio cultural. Ni camiones especiales, ni vagones en el Metro van a transformar la mentalidad, de quienes se creen dueños de los cuerpos ajenos, como si fueran latas que se desechan al instante al basurero, porque para eso hace falta educación sexual y de género, algo que México constantemente desecha, como una opción en sus matrículas escolares.

Lo único rescatable del asunto es que, gracias a la incidencia del acoso hacia las mujeres, en México han surgido grupos de féminas que, cansadas de este problema, alzaron la voz, se juntaron y confrontaron a los hombres que las molestaban. Surgió así una fuerza nueva; muchas ellas que se hicieron notar en un mundo, donde solían ser ignoradas o acusadas de histéricas.

En datos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), México es el país número uno en violencia sexual hacia las mujeres, y donde ocurren cerca de 120 mil violaciones anuales, sin contar las que no son denunciadas.

Hace falta hacer un alto para ver que la violencia ejercida contra las mujeres, en México, no es solamente una molesta costumbre, habla también de la falta de conciencia sobre los derechos humanos y la dignidad de las personas en general. Aquí no se respeta la voluntad, el espacio personal o la individualidad, parece obligación aguantar la exposición social y la hostilidad con la que la mayoría se conduce por ahí, sin sentido alguno de la empatía o la compasión. Simplemente no hay derecho.

Valeria Lira

@CronicaMexicana

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