Celebrando el orgullo

Celebrando el orgullo

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México es un país que, al menos en teoría, defiende por encima de todo la libertad de ser, pensar y convivir, de todos los que habitan en él, sin importar la ideología o las preferencias que tengan. Eso, aunque en la práctica seamos una nación que difícilmente acepta las diferencias, y elija siempre los moldes más tradicionales, como forma de vida y de pensamiento.

El 28 de junio, el mundo entero celebra el Día del Orgullo Gay, una forma de reivindicación de los derechos homosexuales y de la lucha por instaurar sociedades más igualitarias, que vean personas y no envases.

Aunque en México, y muchos otros lugares, la población homosexual es cada vez mayor, y se trata de una lucha que tiene varias décadas encima, quizá la tirada ya no debería ser hacia posicionar las preferencias sexuales, sino los derechos humanos que todos deberíamos tener, por el simple hecho de existir.

El tema de las garantías individuales en este país siempre es una cuestión polémica, y es que, por más que se escriban, se promulguen y se promuevan, siempre hay quien encuentra manera de quebrantarlos, sin importar si los afectados son niños, mujeres, discapacitados, homosexuales, obreros, ancianos o cualquier otra parte vulnerable de la población.

Pensando en lo anterior, es más que lógico que una lucha como la de los derechos LGBT deba tener relación, no solamente con una minoría, sino con toda la enorme cantidad de personas que en México no pueden hacer uso de sus propias garantías, porque el sistema está diseñado para funcionar siempre en su contra y nunca a su favor.

Celebrar el orgullo debería ser un asunto humano, no solamente en referencia a una preferencia sexual, sino al derecho y la enorme posibilidad que todos tienen de amar y ser amados, de formar parejas y familias enteras, basadas en el cariño, el respeto y la dignidad, mucho más allá de las costumbres de una sociedad tradicionalista, que se está perdiendo a sí misma desde hace mucho tiempo.

La famosa Marcha del Orgullo LGBT es mucho más que una fiesta, se trata de una declaración de existencia, y una sentencia de que las diferencias enriquecen, y sobre todo, de que hacen falta en un país con tantas brechas sociales, impulsadas por la discriminación, pero también por la ausencia de oportunidades para todos.

Dar la mano a las diferencias sexuales, sería también darla a todos aquellos contrastes que, como sociedad, no podemos aceptar, pero que como humanos debiéramos, para ser, estar y vivir mejor.

@CronicaMexicana

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