México: un país de telenovela

México: un país de telenovela

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Puedes visitar cualquier tienda, consultorio, taller o puesto del mercado que exista en México, y lo más probable es que te encuentres una televisión encendida, y en ella algún drama sobreactuado, barato y sumamente estupidizante.

La verdad, hablando con enorme sinceridad, los mexicanos, en su gran mayoría, viven en un enorme letargo telenovelero, que es reflejo de su pobreza intelectual y espiritual.

No hay una cifra exacta, pero al menos en este país una telenovela, producida y vendida, gira en torno a millones de pesos, que son aportados principalmente por los anunciantes; mientras más ridícula y dramática sea una comedia, más mexicanos la van a ver, y con ello más publicidad, lo que genera más dinero para las televisoras.

En pocas palabras, la audiencia mexicana, que además es una de las que más dinero generan por el concepto de telenovelas en todo el planeta, está alimentando los bolsillos de empresarios millonarios, quienes han sabido cómo usar la ignorancia de la población, a su favor.

No es una satanización a la televisión, simplemente es la manera en que los mexicanos se enajenan de ella, de sus productos de pésima calidad, y olvidan que hay un mundo afuera en el que suceden cosas y al cual hay que ponerle atención.

Según una encuesta del Gabinete de Comunicación Estratégica, la mitad de las familias mexicanas declaran que las telenovelas son sus productos favoritos de la televisión, y en su mayoría dedican al menos una hora diaria a verlas.

Por supuesto, otro problema con esta enajenación es que no hay un sentido crítico detrás, no existe un discurso compuesto o un argumento válido, bajo la enorme preferencia del público mexicano hacia las telenovelas. Simplemente funcionan como un producto aspiracional, les muestran historias de vida que siempre terminan en ideal, algo a lo que no pueden acceder y que, por lo tanto, los hace soñar y escapar de una realidad abrumadora.

Las telenovelas en México son un reflejo de la carencia mental en la que viven millones de personas, víctimas fáciles de la publicidad, las historias de lágrima inmediata, y todas y cada una de las estupideces que les pongan en pantalla, aún a pesar de que les cueste dignidad y dinero.

México es el país más lucrativo para las telenovelas a nivel mundial, y también es verdad que, de aquí mismo, se han exportado las historias más exitosas hacia otras naciones. Genera dinero, sí, eso es cierto, sin embargo habría que pensar qué tanto de esa riqueza llega al mexicano de a pie y qué tanto se atora en las arcas de los millonarios que controlan el país.

Mientras tanto, los mexicanos siguen soñando con la muchacha pobre que se enamora del joven rico, 400 capítulos de desgracias fantásticas, una que otra escena sangrienta y un final ultra romántico, en una iglesia lujosa y llena de gente con cara de que les pagaron por salir ahí.

Aunque, claro, hay que admitir que hay una que otra escena que marcó la vida de los mexicanos posmodernos, como el asunto de la famosa “maldita lisiada”, que a más de 20 años de distancia, sigue causando expectativa y ya hasta trascendió a la televisión norteamericana. En fin, así somos…

Valeria Lira

@CronicaMexicana

 

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