La chancla que yo tiro...

La chancla que yo tiro…

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Ojalá hubiera un número para poder afirmar, cuántos mexicanos están involucrados en una relación enfermiza. La gente en este país no se caracteriza por su inteligencia emocional o por generar parejas en torno a conceptos inteligentes, sino todo lo contrario.

La conversación se repite como si fuera rezo, “va a cambiar”, “va a regresar”, “la va a dejar”, “conmigo se va a casar”. Hombres y mujeres en este país basan sus relaciones en ideales que no existen, buscan príncipes y princesas, en un enorme pantano lleno de sapos verdes y construyen castillos en un cielo lleno de gris y nubes contaminadas.

La idiosincrasia enseñó que para tener un buen futuro, antes hay que asegurar una buena pareja, una que provea, que asegure fidelidad y recursos, y ya si de paso no tiene tan mal rostro entonces es una ganancia extra.

Por eso este país es tan buen negocio para las páginas de Internet, que supuestamente encuentran parejas; más de ocho millones de mexicanos navegan en este tipo de sitios con la esperanza de encontrar el amor, una pareja que encaje perfecto con los ideales que les pintó la televisión, y a cuyas características –obviamente– solo responden los protagonistas de las historias de ficción.

Y hablando de idiosincrasia y el pésimo tino de los mexicanos a la hora de elegir pareja, hace muchos años cantaba Chava Flores: “si yo te bajara el sol, quemadota que te dabas…”. Pero es que no hay tal, ni sol, ni luna, ni estrellas, ni tampoco quién las reciba porque el ser humano, aunque el mexicano lo quiera negar, es eternamente un alma solitaria, destinada a no encontrar a nadie que le llene por completo sus anhelos, deseos y pasiones.

Entender lo anterior es tirar a la basura siglos enteros de ceguera mental; no hay nadie perfecto, no hay parejas ideales y tampoco relaciones que por sí solas sean eternas. La inteligencia emocional diría que, para construir una relación real, se requieren dos personas maduras, con suficiente capacidad para otorgarse tiempos, espacios y oportunidades de convivencia que valgan la pena.

Pero como los mexicanos no saben lo que es la inteligencia emocional y en muy poco conocen la madurez, van por ahí topando con pared, una y otra vez, como en un laberinto del que están destinados a nunca escaparse.

Todos conocemos a alguien que está atorado en una relación de ese tipo. No viven, no dejan vivir; no son, pero tampoco dejan ser; le temen al compromiso, pero no desisten de amarrar al otro como si estar en pareja fuera, más que un estado emocional, una obligación o un castigo al que hay que atenerse por el simple hecho de existir.

Los mexicanos están rotos sentimentalmente, viven atorados en creencias que funcionaban un siglo atrás, en un mundo que ha madurado sin ellos. En países desarrollados hace mucho tiempo que las relaciones de pareja son un concepto libre de posesión, e incluso se observa la poligamia como una manera de ejercitar el amor libre y verdadero, que no impone condiciones, ni siquiera de exclusividad hacia la otra persona.

Por eso mismo, cuando los mexicanos tiran una chancla vieja y agujereada, suelen regresar a levantarla y hasta se la ponen, aunque después les salgan callos y les apeste el pie.

Valeria Lira

@CronicaMexicana

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