Todos llevamos un naco dentro

Todos llevamos un naco dentro

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Sí, todos, sin excepción llevamos uno. No importa qué tan de la realeza te sientas, si eres mexicano, entonces seguro en algún aspecto te acoplas perfecto a la definición de esta palabra.

La Real Academia Española (RAE) dice que, al menos en el contexto en el que estamos hablando, un naco es una persona de origen indígena. Siendo así, nacer en México y tener familia de la misma raíz te hace un poco naco.

En otras definiciones, también se le atribuye la palabra a alguien que tiene poca educación o que hace gala de malas costumbres; incluso, un naco también se dice de aquél que se siente superior a lo demás, un presumido en pocas palabras.

Y la lista sigue y sigue, los diferentes significados para “naco” son interminables y cambian según la época y el contexto social.

Carlos Monsiváis definió la palabra en los años 70, como aquella calificación atribuible a todo lo que no pudiera ocultar sus rasgos indígenas. Es así que, más que un insulto, “naco” es una pésima herencia del malinchismo a los mexicanos.

Situándonos en pleno siglo XXI, en México esta palabra tan especial suele usarse en el sentido más despectivo posible, para todo aquello que se considera indigno, de bajo nivel y hasta falto de talento. Hay todo un estereotipo construido para atribuirle el concepto, sin embargo, el mito del naco es más eso, un mito construido para nombrar todo lo que el mexicano no quiere de sí mismo.

También el propio Monsiváis habló de que este famoso apelativo surgió a partir de que las brechas sociales en México, se hicieron más grandes y evidentes, es decir, los ricos más ricos, los pobres más pobres y un enorme abismo entre los dos, que se cristalizó en discriminación desde ambos sectores.

Y es que, hasta tener dinero te puede convertir en un naco, porque en los estratos sociales más altos, el concepto también circula para dárselo a aquellos con mal gusto o que no encajan en alguna casilla moral que esté vigente.

Ya recientemente, en redes sociales se ha generado una burla hacia los apelativos que se consideran nacos (aunque están de moda) y que, volviendo al malinchismo, buscan parecer anglosajones. El Brayan, La Kimberly y La Britany, son personajes del imaginario colectivo contemporáneo, el cual a últimas fechas ha tenido a bien dictar que, el nombre de tus hijos no debe ser de otro país, si tu apellido es más mexicano que el nopal, eso si no quieres que pasen el resto de sus vidas con el letrero de naco escrito en la frente.

Pero el imaginario colectivo también cambia, y en algún momento esos nombres fueron símbolo de estatus y modernidad. Quizá lo que sucede es que, en el fondo, no estamos haciendo un análisis real de las palabras que usamos, para dirigirnos a quién y con qué objeto, y simplemente corremos en la vorágine de las modas, los insultos fáciles y la borregada, para evitar el “qué dirán”.

No importa color, partido político, religión, cantidad de dinero en la cartera, nombre, apellido o color de piel, si buscas, es probable que –en cierto sentido– tú también encajes en la definición de un buen naco mexicano.

En cierta forma, el concepto de “naco” define perfecto quiénes somos, con todo lo bueno, pero también lo negativo, e incluso esa manera que, como mexicanos, tenemos para hablar y en la que, ciertamente, no entendemos lo que decimos.

Valeria Lira

@CronicaMexicana

 

 

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