La gracia o desgracia de ser un millennial

La gracia o desgracia de ser un millennial

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Dicen por ahí, que todos los que nacieron entre la década de los 80 y el año 2000, pertenecen a la generación millennial, una especie de karma que la sociedad posmoderna se ha cargado como pretexto, para no entender a quienes hoy llevan la batuta del mundo.

Es verdad, quienes entran en este rango vivieron cosas muy especiales, fueron la primera generación del mundo que creció acompañada –mucho más– por los videojuegos, la televisión y las computadoras, que por sus propios padres; por primera vez en la historia de la humanidad la comunicación y el mass media se sentaron a la mesa con millones de familias; y por primera vez, desde que el mundo es mundo, toda una generación rechazó los estereotipos de género e impuso los suyos propios.

Al menos en México, a los millennials se les responsabiliza de haber podrido a la sociedad, de ser una generación de jóvenes que ni estudian, ni trabajan y que tampoco, supuestamente, saben qué quieren en la vida.

A lo anterior, que no es del todo cierto, pero tampoco del todo falso, habrá que añadir el hecho de que los millennials mexicanos son una generación sacudida por las crisis económicas, y cuyas perspectivas de estudio y empleo son mucho más difíciles de lo que fueron, para cualquier otra generación anterior. Eso sumado a que vivieron, al menos en su mayoría, una estabilidad engañosa que no los preparó para enfrentar las dificultades del mundo.

Claro que los millennials no son ningunos tontos, ni se van a sentar a llorar en la banqueta toda la vida; se calcula que cada año, al menos 12 millones de mexicanos, en su mayoría menores de 40 años, intentan emprender un negocio por cuenta propia.

Lo anterior, a decir verdad, son cifras históricas, algo que supera a todas las anteriores generaciones, que no tuvieron entre sus miembros a tanta gente que quisiera proponer cosas e invertir en sus propias ideas.

Entre las dificultades económicas, la sobrepoblación y la constante exposición a los medios, los millennials no la tienen nada fácil, sin embargo, sí se cuentan entre sus filas a muchas personas que están haciendo cosas y aprovechando lo que tienen para cambiar al mundo.

Nadie la tiene fácil en un planeta, donde todos se creen con el derecho a opinar en foros virtuales y bajo nombres ficticios, y el valor de las personas se mide en likes y selfies.

No hay más: si eres un millennial, te toca ponerte los pantalones y salir a cambiar el mundo; si tu hijo, tu sobrino o tu alumno es uno, no le digas que es un “nini”, ni lo critiques por vivir a un ritmo que no entiendes, mejor enséñale a confiar en sí mismo y en sus sueños, porque de esos últimos es de lo que esta generación más carece.

@CronicaMexicana

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