El lugar de la pasión en la CDMX

El lugar de la pasión en la CDMX

motel

Hay veces en la vida en que la necesidad apremia, la pasión es más fuerte que la razón, y cualquier lugar es bueno cuando hay que soltar el animal que se lleva dentro.

Para esos y otros usos menores, se inventaron los moteles u hoteles de paso, que aunque la sociedad moralina no lo quiera aceptar, están pensados para tener sexo.

Es probable que en algún momento, estos locales sí hayan tenido la función de permitir descansar a los viajeros de paso. Sin embargo, al menos para una ciudad como la CDMX, el uso es meramente recreativo y amatorio, y por esa misma necesidad humana los hay de todos tipos, clases, precios y preferencias, y en prácticamente cualquier zona.

Con facilidad, la capital supera los dos mil establecimientos de este tipo, que pululan lo mismo en zonas elegantes que en las zonas más populares, en sitios modernos y alrededor de los más antiguos, pero especialmente en el Centro Histórico, que tiene moteles en los lugares más insospechados.

Quizá este lucrativo negocio se ha alimentado de la especial doble moral que caracteriza a los mexicanos. ¿Quién no ha visto salir a un chilanguito de algún motel de paso de Tlalpan o del centro?, justo a medio día y con el rubor en el rostro, haciéndose el que va pasando, fingiendo que no acaba de dar rienda suelta a sus más bajas pasiones, en un viejo colchón compartido por cientos de almas.

Y así, la mayoría de los usuarios de moteles en la Ciudad de México, acuden a ellos para ocultar un poco su naturaleza sexual, tener encuentros casuales y hasta sacar a flote sus fantasías, preferencias ocultas y otras monerías de la intimidad.

Hasta hay una leyenda urbana que dice que, en los puestos de películas para adultos, se comercializan como pan caliente las grabaciones reales de los capitalinos que acuden a amarse a los moteles más populares de la ciudad. Ahí es posible encontrar rarezas como “abuelita y quinceañero”, “señora y su compadre” y “dos morenas en cama de Salto del Agua”, entre muchas, muchas otras.

Como en todo, también los hoteles de paso tienen sus propias categorías. Los hay sencillos, cama, baño y fin. Los hay un poco más lujosos, que ofrecen jacuzzi y televisión por cable. Y existen aquellos que parecen de película de mafiosos, que tienen habitaciones con alberca, mesa de billar y hasta un sillón especial para realizar posiciones sexuales exóticas.

Y bueno, tampoco es tan cuadrado el asunto. La verdad es que también hay uno que otro viajero incauto que cae en moteles de paso de la ciudad porque realmente busca un descanso antes de seguir con su viaje. Puede que caiga en uno muy decente, con sábanas limpias y sin cámaras en los espejos. Pero también puede que caiga en uno de esos donde hasta el lobby huele a trasnochada pasión y los espejos son pequeños espías empañados por el amor fugaz y citadino.

Valeria Lira

@CronicaMexicana

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