Sologamia: me caso conmigo

Sologamia: me caso conmigo

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La sologamia es una tendencia posmoderna, que acepta la soltería como una forma de estado civil, prácticamente el matrimonio con uno mismo, como una opción real para aquellos a quienes la “media naranja” se les pudrió en el camino.

Hay dos maneras de observar la sologamia, uno es pensar que hemos llegado a un punto de fastidio de la existencia humana en el que, simplemente, ya no nos soportamos y optamos por preferir la soledad. El otro es pensar que, por fin luego de tantos siglos de sufrir por mera estupidez, entendimos que solos nacimos y solos nos vamos a morir.

A los que crecieron bajo el yugo de la cultura mexicana, les enseñaron que no había peor tortura en el universo que aquella llamada soledad.

“Llórate pobre, pero no te llores solo”, le repitieron nuestras abuelas a nuestros padres, y quizá ellos a nosotros, pensando que todos los que tuvieran un lugar dentro de la colectividad, serían plenos y felices, eso, aunque se sintieran nadie en medio de un montón de gente.

Y no eres mexicano si no entiendes el asunto de la famosa “ley del hielo”, esa absurda regla por la que, en la primaria todos te dejaron de hablar, una especie de castigo por ser raro, feo o traicionero. Y sí, como nunca te enseñaron a estar solo, entonces no había nada más doloroso que no tener ni un sólo amigo y quedarte como hongo, en medio del patio de recreo.

Y ya pasando los 20, la urgencia de todo buen mexicano es casarse, casarse con quién sea, no importa si es alguien feo, deforme, apestoso, flojo o mantenido, el punto es, justamente, no llegar a encontrarte a ti mismo solo, en algún punto del camino.

Aunque la sologamia aún no llega a México, sí se trata de una tendencia mundial, que quizá se justifica por el enorme fracaso que en los últimos 100 años han representado el matrimonio y la imposición de la familia tradicional, como formas de construcción de la sociedad en el mundo occidental.

Y es que cada año en este país, se registran más de 120 mil divorcios, casi 23 por cada 100 matrimonios que se realizan.

Observando entonces la enorme nube de familias rotas, por incompatibilidad de caracteres, ¿será tan malo que las personas empiecen a casarse consigo mismas, como un paso hacia el desarrollo humano, el crecimiento patrimonial y la autosatisfacción? Finalmente, eso no significa que se terminen las relaciones humanas o la comunicación, sólo se trata de romper un esquema que ya le queda chico a la humanidad.

Claro que esto sólo aplica en sociedades desarrolladas, aquellas que dejaron atrás el ideal del matrimonio y comprenden que hay más formas de establecimiento de la sociedad, incluso algunas mejores y mucho más propositivas, que pretender quedarnos pegados a parejas, que en el fondo nos son desconocidas y ajenas.

A final de cuentas, no hay un matrimonio que pueda decirse exitoso, si no está basado en la inicial soledad de sus miembros; nadie puede formar una pareja estable y sana, si no se conoce a sí mismo, si no se ama, y no preserva su propio lugar por encima de los demás.

¿O qué tan malo podría ser llegar al final de los días en tu propia compañía?

@CronicaMexicana

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