Un mercado de ilusión

Un mercado de ilusión

miracle

La pata de gallo, la llanta integrada, el brazo de tamalera, y tantos otros defectos del cuerpo humano, que los mexicanos intentan combatir en el día a día. Eso sin éxito alguno y sí con mucha frustración por lo que ya fue o lo que nunca pudo ser, la mediocridad ante todo.

Fe, ignorancia, inocencia o la Carabina de Ambrosio; México es uno de los principales consumidores de productos milagro a nivel mundial, legales e ilegales, y gracias a ese mercado, los fabricantes generan ganancias anuales por millones y millones de dólares. Es una mina de oro, salida de la idiotez, y de un país que creció sin autoestima.

Pasa que el mexicano es un pobre mortal al que no le enseñaron a quererse, entonces se pasa la vida persiguiendo panaceas que lo hagan más guapo, más rubio, más delgado, más joven y hasta menos idiota, eso, aunque le toque vaciar la cartera para comprar diez mil chochos milagrosos de origen desconocido, y que probablemente fueron fabricados por monos egipcios en estado de esclavitud.

Más de 20 mil marcas de esta clase de productos, se comercializan en tiendas y mercados del país, eso sin importar su composición y menos aún que no tengan, en lo mínimo, los efectos que prometen, pudiendo incluso tener resultados contrarios. Mientras generen dinero a los fabricantes y a funcionarios corruptos, entonces pueden permanecer en los estantes.

Claro que el mercado de los productos milagro existe, porque hay consumidores que lo hacen posible, gente que hace gala de su ceguera mental, para creer que una pastilla le va a quitar 40 años de encima y las huellas del gallo que ya le caminó por toda la cara, y ya de paso unos 20 o 30 kilos, que se colaron en el paquete de la negación.

Es un asunto de lógica, si se enmarcan en un estatus de “milagro”, significa que no sirven, no son reales, no existen sus efectos, porque son resultado de una ilusión, un placebo para que no nos sintamos tan mal, por ser simples seres humanos ante el paso del tiempo, y las marcas de la gravedad en nuestra existencia.

Y sin embargo, los mexicanos se aferran a la ilusión de ser quienes no son, y se compran todas las cosas posibles con tal de creer en el milagro de un cuerpo escultural y una muchacha guapa, que se escapan de la televisión para llegar hasta tu casa.

Para no estar arrugados, habría que dejar de tener expresiones; para no estar gordos hay que cerrar la boca y hacer ejercicio; para ser más inteligentes no hay otra más que leer; y en resumen, poco a poco, todo eso nos haría dejar de ser un poco menos ingenuos ante un mundo que nos considera en un estatus de lata de sopa vacía: huecos y listos para tirar a la basura.

Valeria Lira

@CronicaMexicana

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