Mi amigo “El Feis”

Mi amigo “El Feis”

telefono

Cuando yo era niña no existía el concepto de “redes sociales”, el mayor acercamiento que tenías al mundo era un teléfono, lo usabas para pedir una pizza, para hablarle a tu abuelita que vivía en Timbuktu, a tus amigos de la escuela, a la policía y hasta para hacerle bromas a alguien que te caía mal: ¿Ahí hacen café?, ¡pues en mi casa sí y hasta verde!

En esa época, terminando el siglo XX, la idea de la conexión constante y lo absurdo de la inmediatez, ni siquiera aparecían como tema en las agencias informativas. Era un mundo que se movía lento, sabía esperar y recibía sus recompensas por ello.

Ya con el año 2000, aparecieron los primeros intentos de darle importancia a la comunicación doméstica a través de Internet. Las primeras salas de chat se hicieron populares, y contaba una leyenda que si entrabas, podías encontrar el amor, o mínimo a un gordo calenturiento que te enseñara su miembro gratis.

En aquel entonces nadie se imaginaba que la comunicación evolucionaría tanto, en sólo 17 años; pasamos demasiado rápido del Latinchat al Messenger y de ahí en directo al Hi5, Metroflog, Facebook, Whatsapp, Instagram y un montón de herramientas, que hoy nos parecen todas iguales, irrelevantes y hasta aburridas.

En México hay más de 60 millones de personas que usan Facebook como su red social preferida, pero hay que pensar que esa misma cantidad de gente hace 25 o 30 años se formaba en enormes filas, para poder usar teléfonos públicos y se gastaba sus monedas, de 5 o 10 centavos, en contarle un chisme banquetero al amigo, al primo o a la comadre que vivía en la colonia de al lado.

La posmodernidad es tan rara, que le ha dado a todos la posibilidad de convertirse en estrellas, en verdaderos íconos dentro de sus insignificantes círculos sociales; en Facebook cada uno posee una identidad, un nombre y hasta una imagen de perfil que lo convierte en alguien “especial”, igual de “especial” que el los otros 59 millones de mexicanos que también tienen cuenta en esa red y pierden el tiempo fingiendo ser quienes no son.

Esto de ser quien no eres no es necesariamente malo, es una posibilidad que nos regala la tecnología y asiste a un momento de la humanidad en que, pese a la sobrepoblación, los individuos se sienten cada vez más solos, desmotivados y faltos de autoconocimiento.

Cuando yo era niña no parecía tan importante ser alguien, cada quien era lo que podía y con eso cargaba por la vida, junto a un montón de otros desconocidos, que tampoco buscaban ser alguien. Era un mundo donde los Don Nadie solían ser muy felices.

Hoy día no existes si no estás en “el feis”; nadie te encuentra si no te ubicas en “el feis”; y si el mundo se cae, no te enteras porque no estás en “el feis”.

@CronicaMexicana

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