El debate interminable (Marihuana)

Las drogas siempre han existido, eso es un factor innegable en cualquier sociedad moderna, aquella persona que diga, e incluso llegue a pensar, que la drogadicción, el alcoholismo, el tabaquismo y demás problemas sociales son exclusivos del siglo XXI, lamento decirles que han vivido engañados toda la vida.

Las drogas se remontan por allá del año 10,000 a.C, donde las antiguas civilizaciones las utilizaban meramente en asuntos religiosos; “curar” falsas posesiones demoniacas y conectarse con sus dioses. En México fueron los aztecas quienes hicieron pleno uso de ellas, compartieron sus conocimientos con sus conquistadores, y poco a poco se tejió una enmarañada red que, al día de hoy, han venido a caer en ilegalidad, corrupción y miles de millones de dólares.

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Día a día se sufren modificaciones; cambiamos como humanos, como personas y como sociedad, esto puede ser para bien o para mal y, parte de ese cambio, tiene mucho que ver con la marihuana. Últimamente, mucho se ha hablado acerca de una propuesta hecha por el Ministro Arturo Zaldívar, sobre una posible despenalización de la marihuana; no bastó mucho tiempo para que, partidos políticos, grupos sociales, padres, madres y aficionados a la hierba, establecieran su postura ante tal situación.

En México hay poco más de 5,7 millones de consumidores de marihuana declarados, y seguro habrá miles que son “de clóset”, esos millones lo hacen bajo la ilegalidad, la corrupción, y engordando las ganancias y las filas del narcotráfico en México.

Si hay algo fundamental, que la gran mayoría aún no logra comprender, es que el despenalizar no es lo mismo que legalizar; la propuesta, como tal, marca que la despenalización sólo se dará en aquellos casos en los que se cultive para consumo personal.

Baja la premisa anterior, me pregunto entonces: ¿cómo fue que se logró legalizar el alcohol y el tabaco? Fue con pequeños cambios como la sociedad, poco a poco, fue aceptando lo que, en un principio, era ilegal y que al día de hoy es algo tan común como el respirar.

Si bien es cierto que hay una creciente incertidumbre acerca de las posibles consecuencias que esto traería, hay aún más desinformación del tema, lo mejor sería buscar información, debatir y, luego de un largo análisis, determinar una postura hecha y derecha, del por qué si, por qué no y por qué jamás.

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El ser consumidor, o no, no determina una verdadera postura ante el tema. Cito las palabras textuales del Lic. José Ramón López Rubí, académico del Centro de Investigación y Docencia, Económicas (CIDE):

“Que no soy mujer y defiendo los derechos de las mujeres. Que no soy gay y estoy a favor de lo que, con mi amiga Ana Farías, defiendo como un tipo de matrimonio civil igualitario. Que no tengo cuatro años y no por eso me opongo a los derechos de los niños. Que no soy toro y eso no me hace indiferente a que torturen y asesinen a los toros. Entonces, no se necesita consumir para ser ‘legalizador’.”

@CronicaMexicana

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