¿A dónde váis, Monsiváis?

La Ciudad de México es tan emblemática, que tiene sus propios personajes para componer la historia de su existencia. Carlos Monsiváis fue, sin duda alguna, el cronista defeño por excelencia. Nació, creció y murió en esta capital, que le sirvió de hogar, de oficina y también de cárcel.

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Monsi, como le llamaban sus colegas, nació en el año de 1938, en la colonia Tabacalera. Formó parte de la clase trabajadora, el pueblo a quien decía sentirse orgulloso de pertenecer, y que lo vio crecer en la emblemática colonia Portales, donde también vivió hasta su muerte.

Dicen que las personas que nacen para cambiar el mundo, ya están predestinadas, y todo en su camino se pone o se quita, sólo para llegar a ese objetivo. Así, la vida del gran Carlos Monsiváis no pudo ser de otra manera, pues sus páginas no habrían tenido –entonces– la misma sinceridad y entendimiento, que sólo puede expresar alguien que vivió la ciudad, a pie y en carne propia.

Fue un personaje multifacético, enamorado de la calle y de las costumbres nacionales, que lo mismo escuchaba a Los Tigres del Norte que asistía a la ópera de Bellas Artes. De ahí que el libro “¿A dónde váis, Monsiváis?” se haya convertido en la guía turística más sincera del DF. Y es, más que una guía, una recopilación de los textos que este escritor chilango hizo para recapitular la ciudad en que vivía, sus personajes, y los momentos más importantes que pasaron aquí, frente a sus ojos.

Valdría la pena que un “chilanguito posmoderno”, saliera a la calle un día cualquiera, libro en mano, a recorrer los rincones que hicieron eco en los oídos del escritor, traductor, coleccionista, cronista y cien mil adjetivos más, con que se podría calificar a Monsiváis. Y pensar entonces cómo, con el paso de los años, se nos ha estado yendo la ciudad hacia alguna parte, no se sabe si por la coladera, colgada como mosca de un camión, o desbarrancada en los tristes cerros de Santa Fe.

Claro que habría que rescatar la importancia de este hombre, como miembro de una generación de escritores y periodistas que, hasta hoy, todavía siguen rompiendo esquemas, en cuanto a producción de literatura nacional, entre ellos Elena Poniatowska, Vicente Leñero, José Emilio Pacheco, José Agustín y otros tantos. Sin embargo, la raíz de Monsiváis radica en el poder que tuvo para narrar la capital, sus calles, sus personas y sus costumbres, la alegría, la tragedia y el corazón chilango, que late desde el fondo del muerto Lago de Texcoco.

Hace apenas unos cinco años, en el 2010, Monsi se despidió de la tierra y nos dejó como legado un cerro de páginas escritas y un montón de gatos huérfanos. Su obra comprende un sinnúmero de libros, entre críticas, ensayos, crónicas, biografías, colaboraciones y más. Además, la colección Museo del Estanquillo, en calles del Centro Histórico del DF, contiene más de diez mil objetos, entre grabados, pinturas y fotografías valiosas, que pertenecieron al escritor y hoy son del dominio público.

Valeria Lira

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