¿Por qué nos encanta la tragedia?

¿Por qué nos encanta la tragedia?

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Los mexicanos somos expertos en hacer verdaderos monumentos a la tragedia, la autocompasión y el drama, como una telenovela mal hecha que llevamos a la realidad con cualquier pretexto, y en la que basamos nuestra conciencia colectiva.

1957, 1968, Aguas Blancas, Ayotzinapa, 1985, Acteal, etcétera. Todos esos suman una larga lista de sucesos trágicos para los mexicanos, que con el tiempo han pasado, de ser parte de la historia, a verdaderas moles de drama social.

No se trata de negar los sucesos que modificaron nuestra historia, el asunto es que los mexicanos no hacemos demasiado con los eventos coyunturales, no aprendemos, no modificamos conductas y tampoco superamos, solamente giramos en círculo vicioso alrededor de lo mismo.

El sismo del 19 de septiembre del 2017 en la Ciudad de México fue una extraña, pero mortífera coincidencia, que arrastró cientos de vidas en su propia casualidad. Cumpliéndose exactamente 32 años de un suceso similar, el azar nos hizo el favor y nos llenó el buche con eventos, anécdotas y chismes casi idénticos. Y de entonces a más de un año de la tragedia repetida, los mexicanos no hemos hecho otra cosa que tirarnos al drama y la desesperación.

Malos augurios, reportajes y documentales por montones, rumores de Internet, opiniones de unos y otros, damnificados que salen hasta por debajo de las coladeras. Ojalá el 19s nos hubiera servido para otra cosa, para aprender del desastre, para entender que somos más los buenos, que podemos levantarnos. Pero no, a un año de uno y 33 del otro, seguimos rumiando nuestra desgracia y pensando en los escombros de lo que ya no es.

Lo mismo sucede con la crisis de violencia en el país. Hace más de diez años que nos quejamos de la delincuencia como un mal imparable, sin embargo, hasta ahora no hemos hecho otra cosa que repetir lo terrible de vivir en un país sin ley; no cambiamos la estructura social, no educamos mejor a nuestros hijos, no nos volvimos ciudadanos más honestos ni nos propusimos cumplir la ley por nosotros mismos.

Mientras los alemanes eliminaron la cuestión bélica de su cultura, después del holocausto Nazi, y los japoneses impusieron la civilidad como forma de vida luego de Hiroshima y Nagasaki, los mexicanos inventaron La Rosa de Guadalupe para darse vuelo con propios males.

¿Será que como mexicanos estamos limitados intelectualmente para aprender de lo que nos pasa?

@CronicaMexicana

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