Actitud chilanga

Actitud chilanga

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Basura, caños apestosos, bardas rayadas, caminos con agujeros y un montón de infraestructura urbana que no funciona y más parece un estorbo, esa es la descripción perfecta de la Ciudad de México. Peor aún, todos los chilangos creen fervientemente que habitan una ciudad violenta, desarraigada y de la cual hay mucho que temer.

Más de 20 millones de habitantes pululan a diario las calles de esta angustiada orbe y nadie sabe decirles, a ciencia cierta, por qué siguen viviendo en un lugar tan complejo, qué los obliga a seguir peleando por el transporte, por el agua, saltando montañas de basura, haciéndose un lugar en el tránsito infernal, para quedar siempre atorados en los embotellamientos.

Por algo dicen que los chilangos viven siempre a la defensiva, juntando sus maldiciones para aventárselas al vecino, y que nadie les gane el pan ni les coma el mandado, eso sobre sus pobres cadáveres ahogados de smog.

Si se le preguntara a los habitantes de la CDMX, probablemente dirían que la ciudad que sueñan está mucho más lejos de la que en realidad tienen; y quién no quisiera una ciudad limpia, tranquila, segura, con vías rápidas, con servicios de calidad y hasta con empleos bien pagados.

Sin embargo, como en los sueños no está el decidir, pese a lo que los chilangos quieren, su actitud no concuerda, por el contrario sigue siendo apestosa y llena de moscas, igual que los montones de basura que algunos ciudadanos desvergonzados abandonan en las esquinas cuando nadie los ve.

No ceden el asiento, no saludan, no dan el paso, no ponen la basura en su lugar, maldicen a cualquiera que se les ponga al frente, no denuncian y no dan nunca la mano a quien les pide ayuda. Suena cruel, pero la mayoría de los chilangos actúan en ese mismo sentido, y además creen que está bien.

Es imposible que una ciudad cambie, si sus habitantes no cambian primero, si no empiezan por transformar sus actitudes diarias y ofrecerle una mirada diferente al día a día.

El crecimiento de la violencia y la inseguridad es un problema generalizado a nivel nacional, y de ello se culpa al gobierno, a las instituciones inoperantes, a la corrupción y a la falta de control social; nadie se da cuenta que el problema de la violencia empieza, cuando los ciudadanos tienen una actitud negativa y se tratan con hostilidad entre sí.

En resumidas cuentas, todos nos quejamos, pero no hacemos algo por cambiar y provocar que las cosas se transformen. Por eso ayer, hoy y mañana, la situación es exactamente la misma, un dolor de cabeza para los habitantes y la mofa de quienes se vanaglorian de vivir en provincia.

La Ciudad de México es un enorme abanico de posibilidades, una las orbes más grandes del planeta, centro económico importante de América Latina, con algunas de las mejores universidades y hogar de empresas que son verdaderos gigantes. Y con toda esa enorme lista, los chilangos no hacen otra cosa más que quejarse.

Valeria Lira

@CronicaMexicana

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