El México que ya no va a existir, cuando seamos ancianos

El México que ya no va a existir, cuando seamos ancianos

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Cuando mis abuelos eran niños, seguramente les hablaron de que un día en el país todos iban a ser iguales, que habría dinero y oportunidades para todos, y que los políticos ya iban a ser trabajadores y honestos.

Ellos ya se murieron y México no es para nada como se los prometieron, sin embargo, por loco que suene, muchos mexicanos todavía siguen pensando que un día el país será otro.

Es innegable el avance de la tecnología y su penetración en nuestras vidas. En pleno siglo XXI, las nuevas generaciones están creciendo en un mundo híper conectado, pero solitario, un mundo en el que cada vez hacemos menos relaciones humanas y nos definen estados de Facebook, gadgets y likes.

Sin duda alguna, haber vivido en los 90 aún nos rescató a muchos de nosotros de esta enorme ola tecnológica y nos dejó, sólo como dato histórico, el recuerdo de un mundo mucho más humano.

Con vistas a las elecciones presidenciales de 2018, observamos con incredulidad que un candidato tras otro, todos prometen el cambio. “Ahora sí”, “esta es la buena”, “haremos un México diferente” y otras mentiras de tamaño gigante, se repiten en los medios, como si los mexicanos, al menos los que ya pisamos la adultez y otras generaciones avanzadas, no supiéramos que el resultado siempre es el mismo.

Cuando yo sea anciana, ya no va a existir el teléfono alámbrico, la televisión o el pan Bimbo; quizá generaciones posteriores de mi familia no entenderán por qué imprimíamos las fotos, por qué íbamos a reunirnos a los cafés o por qué llamábamos para saber de los otros.

El mundo para mí, en la vejez, será tan diferente como lo fue para mi abuela cuando se hizo anciana. Sin embargo, tengo que aceptar que hay cosas que no van a cambiar.

Ni Superman, ni Batman, ni las Tortugas Ninja, tienen ganas de venir a gobernar México, así, de aquí a los próximos 120 años, es muy probable que nos sigan gobernando los mismos políticos viles, mentirosos y ladrones, sin interés por los ciudadanos y con las mismas ganas de llenarse los bolsillos que tienen hoy.

Tampoco, por supuesto, cambiará en algo la actitud de los mexicanos, su ignorancia y su desinterés por cumplir con las reglas o ser honestos, de ahí que, de aquí a un siglo de distancia, este país siga estando en el mismo hoyo donde hoy se encuentra.

@CronicaMexicana

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