Chacha muchacha

Chacha muchacha

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Limpiar, lavar, planchar, aguantar niños y borrachos, cocinar y hasta hacer economía del hogar. Una mujer que se dedica al servicio doméstico en México, hace todas esas cosas y más, y eso sin una instrucción al respecto, y muchas veces careciendo incluso de estudios básicos.

Casi dos millones de mexicanas trabajan como “muchachas”, mucamas, sirvientas, domésticas y toda esa serie de motes con los que se les conoce, aun cuando su tarea es sólo una y esa es poner en orden la casa.

Por ser un empleo menor y hasta cierto punto informal, hasta este momento no se le ha dado la importancia que merece dentro de la sociedad y el desarrollo de las familias mexicanas, muchas de las cuales no podrían funcionar si esta tarea no se hubiera inventado.

Aunque en mucho se les critica, e incluso son víctimas constantes de la mofa social, la verdad es que representan mucho más que un simple empleo. Sobre las mujeres que ejercen de empleadas domésticas se vislumbran las ganas de las clases populares por salir adelante, la búsqueda de nuevas oportunidades e incluso nichos de negocio, que parten de las necesidades de estratos mucho más elevados.

Por alguna razón, sobre todo partiendo del machismo con que en México se clasifica a las labores de la casa, son mujeres en especial las que trabajan en este oficio, quienes en su mayoría carecieron de oportunidades de estudio, y aprovecharon lo que habían aprendido desde niñas, para encontrar empleo y sustento económico.

Una empleada doméstica en México gana, aproximadamente, $250 pesos diarios libres de impuestos, pero a diferencia de los empleos formales, la mayoría de los patrones no les otorgan seguridad social, ahorro para el retiro o para la vivienda, feriados pagados o vacaciones. Y es así como, pese a trabajar mucho, ellas no logran las garantías que mejoren su calidad de vida o las impulsen a crecer económica y personalmente.

Mucho se ha hablado del tema en México, pues pese a ser un empleo menor, el servicio doméstico tiene relevancia social y requiere un esfuerzo físico importante, que no suele ser remunerado correctamente. Incluso hay mujeres que, con tal de ganar algo de dinero, trabajan en condiciones de esclavitud, reciben malos tratos y son abusadas por sus empleadores, quienes se escudan en los vacíos legales y la ignorancia de ellas.

Todos los empleos son dignos, pero México es un país donde los oficios no se valoran y quienes viven de ellos, pese a conocerlos a fondo, no reciben la remuneración adecuada, por carecer de un título o no haber asistido a una escuela formal.

Esos dos millones de mexicanas que limpian casas, mantienen a dos millones de familias que gracias a eso comen, asisten a la escuela y se generan oportunidades para el futuro. Eso, a pesar de que sólo se les vea como las que tallan los calzones y avientan el polvo abajo de la alfombra.

@CronicaMexicana

 

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