No son días de guardar...

No son días de guardar…

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Una de las fiestas más importantes en el año de los mexicanos es, sin duda alguna, la Semana Santa. Y es que, dejando de lado el pretexto religioso que atañe a unos 92 millones de católicos que viven aquí, todo lo que envuelve la temporada es una costumbre que permanece vigente, no se olvida, no se deja pasar y está presente en la vida de todos los habitantes aunque sean ateos, judíos, cristianos o satánicos.

La playa, o el supuesto de playa, es lo primero que los mexicanos asocian con la Semana Santa. Será por el calor o las ganas de salir de la rutina, pero esta es la temporada en que más mexicanos viajan a destinos con esa característica; Guerrero, Oaxaca y Quintana Roo son los sitios favoritos, que reciben al menos a medio millón de visitantes cada uno, durante las vacaciones de Pascua.

Para otros no tan afortunados abundan los balnearios y parques acuáticos que se ajustan a todos los presupuestos. Ya dependiendo de la inversión será lo que uno se encuentre por allá, pero la lista puede incluir huevos cocidos con arroz, tendederos con calzón paracaídas, y el famoso “popodrilo diente de elote” que invade las albercas públicas en esta época del año.

Y ya, si el dinero no da para ir tan lejos, es de lo más común toparse con el famoso “Acapulco en la azotea”, gente que pone albercas inflables y hasta tinacos en jardines, techos y banquetas, para no quedarse con las ganas del remojón.

Es así, la Semana Santa no es tanto una fiesta religiosa, más bien un pretexto de millones de mexicanos para desempolvar las tangas y tender la panza al rayo del sol.

Hay que admitir que pocas celebraciones en México causan tanta expectativa como la Semana Santa; es tan fácil como ver que, al menos durante jueves, viernes y sábado, de los nombrados como “santos” todo en el país se paraliza, no hay hospitales, escuelas, empleo o bancos, y hasta en la Ciudad de México las calles se vuelven sitios solitarios y silenciosos, como pueblos fantasmas en epidemia de zombis.

Y de dinero ni hablar. Se estima que una familia promedio en México destina hasta 9 mil pesos para pasar sus vacaciones de Pascua, entre transporte, habitaciones de hotel, alimentos y entradas a entretenimientos. Una cifra interesante en un país donde buena parte de la población no tiene ingresos económicos elevados, y difícilmente puede invertir en rubros que no tengan que ver con el día a día.

Hace algunas décadas, la celebración de la Semana Santa en México representaba una cuestión mucho más seria, que nada tenía que ver con pasear o conseguir un bronceado nivel la negrita de los hot cakes. Más bien se consideraban “días de guardar” destinados a la reflexión en los temas religiosos y todos los ritos alrededor de ello.

En la actualidad ya no guardamos nada, más bien sacamos todo, hasta el dinero del banco o del empeño para salir, aunque sea a la tienda de la esquina por un refresco. El punto es sentir que nos escapamos del ajetreo del día a día y volvemos con ello a ser un poco aventureros, aunque al regresar nos encontremos con las deudas, la rutina y una realidad que nos aplasta.

Valeria Lira

@CronicaMexicana

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