Hoy me iré de casa...

Hoy me iré de casa…

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Cuando me fui de mi casa, descubrí que el papel de baño no es una máquina que se reemplaza en automático y que los plátanos no crecen en los fruteros. Es fácil ser niño y esperar que lo hagan todo por ti, pero resulta frustrante ver que el mundo de afuera corre y tú no estás ahí para verlo.

Elegir dónde vivir, encontrar un empleo, pagar las cuentas, cocinar sin hacer un incendio, espantar a los ladrones, limpiar de vez en cuando y poner comida en la mesa. Son cosas comunes, que no sabes hacer, hasta que sales de la casa de tus padres y te vuelves adulto.

A los mexicanos nos enseñaron a permanecer en el nido hasta llenarnos de gusanos y morir. Si no fuera por la influencia extranjera, todos seguiríamos atorados en casa de los padres pudriéndonos de aburrimiento.

En muchos países, los jóvenes son prácticamente expulsados del hogar familiar cuando cumplen la mayoría de edad. Casi se les bota a patadas para que, más temprano que tarde, encuentren sus propios caminos y se conviertan en adultos funcionales.

Cada vez más jóvenes dejan el hogar donde crecieron, para encontrarse a sí mismos en el mundo real, el problema es que en México este es un fenómeno que crece lento, las familias son muéganos, auténticas bolas de chicle que creen que si se despegan se rompen para siempre.

Por supuesto que nadie se rompe por volverse independiente, todos crecen, aprenden y se convierten en personas más interesantes. ¿Quién en su sano juicio querría perderse de la vida que sucede allá afuera?

Los mexicanos son educados con miedo a dejar al clan, miedo a estar solos y no pertenecer a ningún grupo, miedo a encontrarse consigo mismos y no saber quiénes son en realidad. Porque cuando sales de tu casa y te enfrentas a la vida, te encuentras con tu verdadero Yo, ese que tiene que ser capaz de elegir lo quiere para sí y lo que no, y eso es simplemente madurar, caer del árbol para convertirte en una roja y brillante manzana.

Irte de casa por primera vez, es una experiencia que te forja para siempre, llega el momento de hacerte cargo y no hay nadie ahí que te diga hacia dónde es el camino correcto; claro que crecer duele y enfrentarte a tus creencias no es fácil, hay veces en que el miedo te come y dudas de lo que haces, pero no hay nada como saberte dueño de tu propio destino.

La experiencia de verte lanzado al mundo es irremplazable. Solito, como un grano de arena en el mar, descubres la autenticidad de tu propio ser, te ríes de ti mismo, caes y aprendes a levantarte, y entiendes que la vida será siempre la suma de tus propios deseos y las ganas que pongas para realizarlos.

El mundo es una fuente inagotable de posibilidades, pero él no va a ir a buscarte a la casa de tu mamá para que lo veas con tus propios ojos.

@CronicaMexicana

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