Peña y la Gaviota: ¡Córtalas!

Peña y la Gaviota: ¡Córtalas!

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Ahora sí, tras largos seis años de una emocionante telenovela en la que pasó de todo, nuestros protagonistas dicen adiós y aceptan que el cuento era sólo eso, un cuento bastante mal hecho.

Enrique Peña Nieto, presidente de México, que ya va de salida, y su esposa Angélica Rivera, conocida por sus dramáticos papeles en telenovelas mexicanas, han empezado los trámites de divorcio a sólo dos meses de que el primero deje el cargo. O al menos eso cuenta un rumor extendido por todos los medios de comunicación y que sólo confirma algo mucho más que sabido. Finalmente su matrimonio no fue más que una actuación pagada por las televisoras y el partido político del sujeto, para que los mexicanos creyéramos que la telenovela se había vuelto realidad.

¿O acaso nadie había pensado que este divorcio estaba escrito desde el día de la boda?

El matrimonio de Peña y Rivera, como el sexenio que termina, fue un teatro armado, una escena de comedia en la que vimos desfilar a toda clase de personajes con parlamentos sobreactuados; había que hacer bien el papel, todos fingieron ser una familia muy feliz, salvo una que otra vez en que un tweet equivocado nos hizo pensar distinto.

Los mexicanos no somos tontos, aunque a veces podemos fingir demencia por conveniencia, pero en este caso ya ni siquiera aplicaba hacerse de la vista gorda.

A mitad del ejercicio de Peña, un escándalo reveló que la Gaviota poseía una casa con un valor de 54 millones de pesos.

¿De dónde había sacado la esposa presidencial tanto dinero para comprar una mansión? Y ella dijo, en televisión nacional, que era resultado de su larga carrera como actriz de telenovelas y en la cual había tenido ingresos por 130 millones de pesos.

A propósito de lo mismo, Televisa después contestó que nadie en su nómina gana esas cantidades de dinero, ni siquiera los mejor pagados.

Y no, no es dinero ilícito ni nada por el estilo. Cuenta la leyenda que esa fortuna fue lo que Rivera cobró por casarse con Peña y todo para que las señoras pudieran hacerse la chaqueta mental del príncipe y la princesa en el castillo de Los Pinos.

Y ya viene el divorcio y después quién sabe. Recordemos que los consentidos del PRI tienden a enterrar a sus esposas en el fondo del pozo, cuando ya no les son útiles.

@CronicaMexicana

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