A ellos también les duele...

A ellos también les duele…

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En 1958 se produjo para la televisión mexicana la telenovela “Gutierritos”, un drama hecho para llorar y cortarse las venas, en el que un padre de familia era explotado y humillado por su mujer, quien, además de sacarle todo el dinero, lo minimizaba por su condición de oficinista y asalariado.

Para aquella época el tema fue bastante novedoso y hasta de ficción, porque en ese entonces ni siquiera se hablaba de violencia contra la mujer mexicana, y menos aún contra los hombres; los papeles estaban muy claros, cada quien aguantaba lo propio y la sociedad estaba aún muy lejos de cuestionar los lugares asignados.

Hoy, a muchos años de distancia, está más vivo que nunca, el tema de la violencia contra la mujer, hay instituciones, grupos de apoyo, leyes, programas especiales y hasta estudios sociológicos al respecto.

Y sin quitarle la importancia que se merecen los derechos de las mujeres, es justo que también se hable del otro lado del problema: los hombres que sufren violencia.

En México no hay un dato estadístico al respecto, pero en la capital del país se registran al menos seis mil denuncias anuales por este asunto, de parte de hombres que son víctimas de violencia en sus relaciones de pareja o en sus matrimonios, principalmente psicológica y económica.

Pero como a los machos mexicanos nadie les gana, entonces casi no se acepta que este tipo de violencia existe, y peor aún, que los hombres también necesitan ayuda y merecen que se les proteja.

Es tan sencillo como imaginar a un hombre que va a denunciar maltrato en un Ministerio Público. Probablemente no tarde más de cinco minutos en salir por la misma puerta por la que entró, luego de que un montón de funcionarios públicos se rían en su cara, lo minimicen y cuestionen su hombría, sólo porque no es capaz de responderle a su mujer con un golpe.

Y es que no se trata de pensar que ahora las mujeres son las malas, que están cobrando venganza por tantos años de machismo exacerbado, y que buscan eliminar al género masculino para dominar al planeta.

El meollo de todo este asunto es la facilidad con que la violencia invade a la sociedad; responder a un golpe con otro golpe, creer que los hombres tienen la casi obligación de tratar con violencia a las mujeres, y que éstas no son capaces de agredir también, sólo por su género.

Es así que, igual que hay hombres que ejercen violencia contra las mujeres, ellas también lo hacen contra ellos, igual que hay niños y niñas que lo ejercen en las escuelas, pero nadie pone un freno; el problema está, justamente, en que no reconocemos que existe el problema, y hay una extraña tendencia a mitificarlo todo, como si lo viéramos a través de un filtro que nos dice: nada es verdad y todo es mentira, y hay que vivir ignorando la realidad.

Por otra parte, es imposible ejercer una justicia parcial. No hay modo de pedir que un país avance en leyes equitativas hacia las mujeres, cuando a los hombres, sólo por ser hombres, no se les protege de forma alguna y, por el contrario, se les orilla a mantener actitudes machistas y misóginas, con tal de conservar la falacia de la hombría.

Sería mejor partir de los derechos civiles y humanos, y no tanto de los derechos de género que son –ya de por sí– una forma de discriminación.

Valeria Lira

@CronicaMexicana

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