No somos caníbales, somos mexicanos...

No somos caníbales, somos mexicanos…

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Imaginemos que es otra vez el año 1519. A Tenochtitlán llegan los primeros españoles que pisaron este territorio, y se encuentran de frente con una de las tradiciones más interesantes de la cultura que aquí se desarrolla: un sacerdote azteca, vestido con una piel humana recién arrancada, realiza un ritual sobre el cadáver de una mujer, bebe su sangre dentro de un cráneo y ordena a los espectadores bailar al ritmo de la música. Inmediatamente los recién llegados califican a los nativos de salvajes, las peores bestias que hayan podido ver y auténticos caníbales capaces de comerse a sus semejantes durante un ritual macabro.

La conquista española terminó, en muy poco tiempo, con las tradiciones de los antiguos mexicanos, reprimió sus costumbres bajo el pretexto de la religión cristiana, la Biblia y la concepción europea de Dios.

Por supuesto que para una religión en la que se consideraba la ley de Dios como la única posible de ser seguida, los rituales de los habitantes de Mesoamérica eran barbaridades; los españoles se consideraban hombres civilizados, educados y avanzados.

De entonces a la fecha, a los mexicanos no se les olvidó lo que significaban los rituales en torno a la muerte; en pleno siglo XXI seguimos celebrando el Día de Muertos, poniendo los famosos altares y esperando a que las almas de los difuntos regresen a convivir con sus seres queridos.

En muchos otros países y culturas, llama la atención la manera en que los mexicanos celebran a la muerte, como en una especie de fiesta que no representa dolor, sino alegría y un pretexto para celebración.

Si bien las tradiciones extranjeras han entrado con fuerza al país, es cierto que los mexicanos se siguen esforzando por conservar las suyas y enseñarlas a las nuevas generaciones, incluso con todas las características y los contrastes, que van cambiando según la región del país.

Claro, ya no nos vestimos con la piel de los muertos ni nos bebemos su sangre, pero aún seguimos viendo al Día de Muertos como una manera de honrar la vida, recordar a los que ya no están y tener presente que la existencia es un momento breve y frágil.

Finalmente, esa tradición es algo que nos vuelve únicos, especiales y orgullosos de preservar nuestras raíces, aún a pesar del paso del tiempo.

@CronicaMexicana

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