Cinco eventos históricos del Metro del DF

 Voy en el Metro, qué grandote, rápidote y segurote, qué deferencia del camión de mi compadre Gilemón…

El Metro, ese gusano demoledor capaz de transportar a miles de chilangos, de extremo a extremo de la ciudad, con sus colorcitos naranjas, sus estaciones apestosas, sus bocineros y sus boleteras, “siempre tan amables”. El Sistema de Transporte Colectivo Metro, STCM, es mucho más que un modo de movilidad urbana, es también parte del imaginario colectivo del chilango promedio y cuenta, en buena parte, cómo se ha transformado la capital.

A continuación, una serie de sucesos que pusieron al gusano naranja en el ojo del huracán.

Choque Chabacano-Viaducto 1975

El 20 de octubre de 1975, en la hora pico de la mañana, un convoy que iba de la estación Chabacano hacia Viaducto, se impactó contra otro que estaba detenido. El choque fue tan fuerte que ambos trenes colisionaron y se salieron por el techo, dejando a más de 30 personas fallecidas y casi 200 lesionadas, eso en cifras oficiales. La leyenda urbana cuenta que este hecho fue provocado por funcionarios del gobierno, que deseaban tener pretexto para implantar un nuevo sistema de frenado en los vagones del Metro, por lo que buscaron culpar al conductor del convoy número diez, y le impusieron catorce años de prisión.

¡Qué se caen!

En julio del 2011, los medios de comunicación difundieron un vídeo de las cámaras de seguridad de la estación Iztapalapa, Línea 8, del Metro. Ahí se observa a una mujer que empuja a su acompañante hacia las vías, cayendo las dos en el momento exacto de la llegada del tren. Por fortuna, el conductor alcanzó a frenar, y como en una cuestión de karma automático, la única atrapada fue la que provocó el accidente. Días después se difundieron diversas teorías sobre lo sucedido, desde que había un hombre en discordia entre las dos mujeres, hasta que eran una pareja de lesbianas en plena discusión.

Allá en la estación del Metro Balderas

El 18 de septiembre del 2009, Esteban Cervantes Barrera, evitó una masacre en la estación Balderas, del Metro del DF. Esa tarde, Luis Felipe Fernández se acercó armado al lugar, disparó contra un policía y empezó a apuntar contra los usuarios que ahí se encontraban. Sin dudarlo, Cervantes Barrera, de oficio albañil, se le fue encima varias veces para tratar de detenerlo, sin embargo el otro lo mató a quemarropa y luego hirió a cinco usuarios más. En entrevistas posteriores, el asesino aseguró que había hecho todo en respuesta a un mandato divino, y se reveló que no estaba bajo los efectos de droga alguna.

Choque en Oceanía

El 4 de mayo de este año, sucedió un choque en la estación Oceanía, esta vez provocado por la lluvia, que no permitió que los frenos del vagón funcionaran correctamente, y provocó que se impactara con otro que estaba estacionado, debido a las condiciones del clima. Sucedió alrededor de las seis de la tarde, en un momento de gran afluencia de este transporte. Doce personas resultaron lesionadas y nadie murió pero, curiosamente, un trabajador del Servicio de Transporte Colectivo Metro (STCM), sí falleció días después, en maniobras sobre uno de los trenes colisionados. Las autoridades revelaron que, además de la lluvia, otra causa del accidente fue el error humano, ya que una falla de comunicación impidió informar al chofer de las condiciones climáticas, debido a lo cual él no tomó precauciones, y no retiró el piloto manual al llegar a la estación, entonces simplemente no pudo frenar.

Se equivocó de puerta

En el 2010, un conductor ebrio, simplemente se equivocó de puerta y abrió la que no era. En la línea UAM-Iztapalapa, un domingo en la noche, el conductor del convoy subió a hacer su trabajo, acompañado de varias botellas de cerveza, tal como lo revelarían después las cámaras de seguridad. Así, sin pena ni gloria, este enfiestado trabajador, de nombre Francisco de la Cruz, se dispuso a empezar su jornada laboral, bajo los influjos del alcohol, lo que provocó que, durante varias estaciones, se olvidara de abrir la puerta para bajar a los pasajeros. Posteriormente, al llegar al Metro Aculco, abrió la puerta equivocada, dejando a los usuarios al borde del abismo y en riesgo de caer. Los pasajeros, indignados, accionaron las alarmas de seguridad e increparon al ebrio conductor, quien comenzó una discusión, hasta que llegaron los policías y se lo llevaron detenido. Por supuesto, este hombre fue destituido de su cargo y nunca más, hasta ahora, ha vuelto a conducir el Metro.

Valeria Lira

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