No hay taco sin tortilla

No hay taco sin tortilla

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Hay millones de personas en este país, que no pueden sentarse a comer si no tienen una tortilla en la mano. Este elemento propio de la gastronomía nacional, es sólo la base de todo el ritual que implica ingerir los alimentos en una mesa mexicana.

La historia de la tortilla se remonta a hace más de diez mil años, cuando los antiguos indígenas de Mesoamérica procesaban el maíz, para convertirlo en la base de su alimentación; aunado a eso, a toda la concepción mística que le atribuían, por considerarlo responsable del origen del hombre.

A miles de años de distancia, y luego de múltiples conquistas, al menos este aspecto sigue más vivo que nunca, en la alimentación de los mexicanos. Se calcula que sólo en el país, cada habitante consume 90 kilos de tortilla al año, lo que sumado a las que se exportan al extranjero, da como resultado una producción de más de 30 millones de toneladas de este producto, cada año.

Claro que no todo es maravilloso. En la última década la producción de maíz en México, ha enfrentado enormes problemas, debido a la introducción de granos transgénicos, cuya capacidad y resistencia a plagas supera por mucho a los que se producen de manera natural, aún cuando eso implica desgaste del suelo y consecuencias a la salud, que aún no son muy conocidas.

Mucho del problema del maíz mexicano, también radica en el abandono del campo por parte de gobiernos, cuyos intereses se han desviado hacia las grandes multinacionales, olvidando que mucha de la producción del país, está en manos de pequeños productores, campesinos que apenas subsisten, no tienen para invertir en tecnología y terminan abandonando sus parcelas para irse a otras ciudades o incluso a Estados Unidos.

Como todo lo que se produce en México, el camino es cada vez más complicado, porque la política nacional tiende a favorecer en mucho a las empresas grandes, capital extranjero que no se queda aquí, sólo viene a quitar el mercado a los productores mexicanos. Y peor aún, los consumidores no invierten en productos nacionales, porque prefieren adquirir marcas más comerciales o más baratas, incluso, aunque eso tenga repercusiones en su salud.

Visto desde el otro lado, se calcula que el consumo de tortilla en Estados Unidos, ya supera por mucho el de pan blanco para sándwich. Esta estadística proyecta un crecimiento de más del 30% del mercado de la comida latina en ese país, para los próximos años.

Es así que, pese a todo, la tortilla es un producto vigente y que no ha perdido terreno frente a la invasión extranjera, la globalización, o incluso los tratados comerciales que dan preferencia a la importación, por encima de lo que aquí se produce por manos mexicanas.

Por otro lado, la ciencia ha comprobado que buena parte de lo que mantiene a flote la deteriorada salud de los habitantes de este país, es la tortilla. Si bien se le relaciona con los altos índices de obesidad, en realidad es la responsable de mantener los niveles de calcio de millones de personas, que difícilmente encontrarían ese elemento en otros alimentos.

Finalmente, hay que recordar que el negocio de la tortilla es, en la mayoría de los casos, propio de empresas familiares, mismas que dan empleo al menos a ocho personas por local, además de la derrama económica que generan, al utilizar insumos nacionales.

La tortilla es un asunto de todos los mexicanos, un elemento al que habría que ponerle atención, y no perderlo de vista, ante una carta gastronómica cada vez más globalizado.

Valeria Lira

@CronicaMexicana

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