Verdades sobre el matrimonio en México

Verdades sobre el matrimonio en México

 

A las mujeres mexicanas no se les educa para amarse, sino solamente para amar el idilio de un cuento de hadas, donde ella es el personaje débil e inútil que debe esperar al otro para completarse a sí misma.

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México es un país atrasado social, cultural y económicamente, y buena parte de su población todavía está en niveles de ignorancia que avergüenzan a cualquiera. Eso se demuestra porque aquí se siguen usando prácticas que en cualquier otro país ya ni siquiera existen; el matrimonio es una de esas.

En pleno siglo XXI, una buena parte de las mexicanas de más de 15 años pone sus ilusiones en el matrimonio. Todavía no terminan la secundaria y ya están pensando cómo hacer para que alguien les haga el favor de casarse con ellas.

Es triste, pero las mexicanas han sido educadas, de muchas generaciones atrás, para buscar el matrimonio por encima de todo, sin explorar sus propios potenciales, sus intereses o su capacidad para hacerse el mundo por ellas mismas y sin un hombre que les ponga la mesa.

En un mundo en el que se trabaja cada vez más, la igualdad entre géneros, donde ellas están destacando en la ciencia, la música, la tecnología, las letras y prácticamente todos los ámbitos productivos, las jóvenes mexicanas solamente piensan en entrar a la iglesia vestidas de blanco, convertirse en amas de casa, ver telenovelas y cambiarle el pañal apestoso a la bendición.

Es triste, pero ese es el nivel de atraso social al que los mexicanos están condenados, fingiendo que un papel y una bendición de iglesia los van a hacer felices, aunque las estadísticas demuestran que al año se tramitan más de 130 mil divorcios en el país, y la cifra va en aumento.

Quizá el problema está en que los mexicanos no están educados para vivir consigo mismos y siempre buscan afuera lo que deberían tener en su interior. Por eso se la pasan buscando una pareja, y cuando la tienen no encuentran qué hacer con ella.

Todavía más terrorífico, en el caso de las mujeres mexicanas, hay un conflicto enorme entre lo que se cree son sus derechos, sus obligaciones, y lo que culturalmente se piensa que deberían hacer.

Nadie les dice que no se casen, es sólo que esa no debería ser la prioridad en un mundo con tantas posibilidades, fronteras y horizontes por descubrir. Viajar, estudiar y construirse una patria propia debería ser el primer requisito para plantearse, después, conformar una familia.

Y ya reventando los límites de la sinceridad, también es cierto que la mayoría de los matrimonios, al menos en México, distan mucho de ser perfectos, y en una buena parte de los casos son apenas soportables. La gente se casa, se le revienta su burbuja y luego le da flojera divorciarse; las plazas, los parques y las tiendas están llenas de matrimonios que ni siquiera se miran a la cara, a menos que sea para sacar algún insulto que nos recuerde a todos, lo horrible de esa “institución” tradicional que pretende regir nuestras vidas.

¿De verdad es necesario vender nuestra alma por un vestido, arroz y un pastel con muñequitos de plástico?

@CronicaMexicana

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