Y tú, ¿por qué te enamoras?

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Nunca fui capaz de decirle lo que sentía, las mariposas nacieron en mí, crecieron, maduraron, envejecieron y murieron, sin que yo pudiera expulsarlas por mi garganta, y hacer algo con todo el amor que tenía para darle.

Los mexicanos llevan el amor de una manera especial, completamente diferente al resto de sus compañeros en el planeta Tierra. No es gratis que la música más intensa para cortarse las venas, ha nacido justamente en México.

En un mundo donde el amor es cada vez menos significativo, y reina la individualidad por encima de todo lo demás, los mexicanos siguen siendo románticos, apasionados, enamorados incorregibles y hasta rompecorazones.

Caer en la redes del amor acarrea toda clase de consecuencias, desde escenas de celos, hasta matrimonios fortuitos; más del 40% de los mexicanos están casados legalmente, sin embargo, cada año más de 100 mil matrimonios se disuelven, por cuestiones irreconciliables.

Pero, a propósito de estadísticas, ¿cómo es que llegan los mexicanos a cachetear la banqueta por amor?

Dice la ciencia que el enamoramiento es una cuestión meramente hormonal y biológica, conjunción de una serie de factores químicos, que dan como consecuencia la aparición de un montón de mariposas en la panza, de las víctimas en cuestión.

Científico o no, el amor, sí ese algo que vuelve a las personas, sobre todo a los mexicanos, un complejo nudo de nervios y extrañas emociones, que se alimentan de toda clase de reacciones adversas.

Alguien debería preguntarle a la pobre lisiada, qué fue lo que la llevó a aguantar casi ser lanzada desde un balcón, solamente por besar a “Nandito”, en un ataque de hormonas voladoras.

Y ni qué decir de la cultura. El gran conglomerado de la cultura mexicana contempla el amor como la gran panacea, el eslabón perdido de una enorme cadena, que compone al país y a sus habitantes. Por eso es que, cada que alguien saca el tema a colación, ya sea en cine, televisión o en música, retumba el piso y todos se rinden ante el asunto.

Si no es así, pregúntenle a Pedro Infante, quien una a una, en todas sus películas se arrancó los ojos en pos del amor y la pasión, lujuria desenfrenada por la famosa “chorreada”, esa que siempre resultó ser una mujer mala, desgraciada, y cuyas pasiones respondían al dinero y no al cariño de aquel triste carpintero.

Lo importante del amor es que es un sentimiento que puede cambiar al mundo. Sin importar la ridiculez, la cursilería o las lágrimas forzadas, cualquiera que haya estado enamorado alguna vez, sabe perfecto que las mariposas, químicas o no, hacen volar, llevan a mundos desconocidos, transportan a futuros que creíamos imposibles, y levantan a cualquier muerto.

Si el mundo posmoderno cree y pone sus ojos en tantas cosas destructivas, ¿qué tan difícil será que los pose en el amor, y la gracia de creer que todo es posible si amas?

@CronicaMexicana

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