¿Por qué odiamos la alerta sísmica?

¿Por qué odiamos la alerta sísmica?

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Los chilangos somos como el perro de Pavlov, estamos condicionados a oír cualquier tipo de alarma para salir corriendo a la calle, sin importar si estamos encuerados, dormidos o a medio hacer el amor.

La historia de la CDMX, en términos de temblores, es larga y dolorosa, quienes aquí vivimos hemos visto cómo movimientos de unos segundos se llevan cientos de vidas, casas, escuelas y edificios enteros.

La dinámica de los sismos en esta ciudad ha cambiado desde que apareció la alerta sísmica, una voz macabra que en cualquier momento nos pone a temblar (literalmente) con sus sepulcrales palabras: «ahora sí, córrale porque ya nos cargó el payaso».

Y no importa si estamos dormidos, en la cola de las tortillas, en el baño, en el tendedero o en el pesero, el recuerdo de la alarma sísmica siempre puede irrumpir en nuestra mente para que, una vez más, nos preguntemos: ¿está temblando?

Después del sismo del 19S, en 2017, mucha gente vivió una especie de psicosis de temblor, alucinaciones, pesadillas, taquicardias y toda clase de trastornos, cada vez que recordaban el suceso.

Por supuesto que todo eso fue pasando con el tiempo y a más de un año de distancia casi todos los chilangos hemos vuelto a vivir en paz, aunque el recuerdo permanece y nunca falta una sirena que nos haga salir corriendo.

Durante 2018, el gobierno capitalino estuvo haciendo pruebas de sonido con las alarmas sísmicas, emitiendo tonos en distintos momentos del día para probar que estaban en funcionamiento.

¿A quién se le ocurre probar alarmas sísmicas en una ciudad que hace un año vivió un terremoto? Aún no tenemos respuesta a esa pregunta, pero seguro muchos montones de chilangos han de vivir alucinados con esas prácticas tan absurdas, que de paso, siempre dan ganas de salir corriendo.

@CronicaMexicana

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