Anabel Ochoa, porque el silencio nos está matando

Llegó a México a escribir un libro y se quedó a transformar el mundo. Eran los años 90 cuando el programa “Desnudo Total”, en voz de la doctora Anabel Ochoa, le abrió los ojos a miles de mexicanos en la estación XEW. Una manera de hablar sin miedo a las palabras, llamando a las cosas por su nombre, fue lo que le dio un lugar a esta española, en el gusto de los radioescuchas chilangos y más tarde en toda la república mexicana.

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En una nación que ha tenido una apertura ideológica lenta, sobre todo respecto a las cuestiones sexuales, la española por nacimiento y mexicana por adopción, Anabel Ochoa rompió los paradigmas de los medios de comunicación y habló de temas que, implícitamente, estaban prohibidos por ser tabúes de la sociedad: la homosexualidad, la masturbación y los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres.

Como escritora, comunicadora, psiquiatra y actriz, Ochoa cimbraba cada medio de comunicación donde metía la nariz, y le desnudaba la vergüenza a todo el que se le cruzaba por enfrente. El radio, la televisión, el teatro, las revistas y los libros, conocieron una apertura temática difícilmente antes vista en México; y también le cerraron las puertas cuando abogó por la libertad y la verdad; ella misma contó que, en una de sus últimas apariciones televisivas, en un programa “para señoras”, fue censurada por hablar del sexo anal y ella simplemente decidió retirarse antes que quedarse callada.

También formó parte de la obra de teatro “Los Monólogos de la Vagina”, donde durante años arrebató varias lágrimas a los espectadores, en su intento por demostrar que los genitales no eran otra cosa que una extensión del cerebro y el corazón.

Generaciones y generaciones de radioescuchas crecieron con Anabel, alimentados por la honestidad, la libertad y el humanismo, con que ella creía que podían tratarse todas las cuestiones del mundo, sin miedo a decir lo que por derecho nos está dado.

Entre sus publicaciones se encuentran “Respuestas para vivir una sexualidad inteligente y segura”, “Erotika Tanatika”, “Diccionario erótico: versiones y perversiones”, “La Palabra Común”, “El Conversador”, “El Universo de la Sexualidad” y otros tantos.

Un hito por la libertad, el respeto a las minorías y la educación, eso y más fue Anabel Ochoa, quien dejó una herencia en la historia de la comunicación en México, recordada durante años por sus seguidores, escuchas y lectores, y estudiada en sus libros, no sólo eróticos, sino también educativos y humanos. Ella se fue sin más un 19 de noviembre del 2008, dejando un legado de enseñanzas que hoy aún hace eco en este país loco, caliente y contrastante, donde todavía el silencio nos está matando.

 

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