Papá soltero

Papá soltero

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Se levanta todos los días a las 5 de la mañana. Cocina verduras, arroz y sopa para dos. Termina de lavar la ropa cuando el sol está saliendo, y es el momento de despertarla. Vigila que se lave los dientes, el uniforme limpio, los zapatos relucientes, la mochila con la tarea y la comida del medio día. Antes de las 7, ya está fuera de casa, la lleva hasta la escuela, la mira entrar y corre para llegar al trabajo a tiempo. Al medio día correrá de vuelta para buscarla, dejarla en casa, darle de comer y volver a su empleo. Cuando llegue la noche, regresará cansado, con los pesos contados uno a uno, listo para revisar la tarea y terminar los pendientes de la casa. Él es un papá soltero, tomó la decisión de hacerse cargo de su hija por sí mismo, sin ayuda de nadie, y salir adelante, igual que otros 800 mil hombres mexicanos que dirigen sus hogares solos, según datos del Consejo Nacional de Población (Conapo).

No es una cuestión de género, sino más bien de valor y amor por la familia. Constantemente se habla de mujeres empoderadas que se hacen cargo de sus hogares sin ayuda de los hombres, y es que no tienen otra opción, cuando sufren situaciones de violencia, abandono o caen en la viudez. Sin embargo, ellos también viven situaciones parecidas, y a diferencia de lo que podría pensarse, muchos sí tienen el valor de tomar el mando de sus familias y ser responsables, sin importar las circunstancias económicas o sociales.

Y es que algunas veces pareciera que eso sólo le pasa a las mujeres, que sólo ellas viven violencia, son víctimas de infidelidad, abandono o de parejas irresponsables que no proveen lo suficiente al hogar, en ningún sentido. Pero no es así, ellos también afrontan situaciones difíciles y muchas veces deciden que prefieren salir adelante solos, antes que permanecer en relaciones dañinas.

El problema aquí es cómo –por sensibilizarnos respecto al tema de las mujeres– se invisibilizan otros que también importan y suceden. Si hiciéramos una encuesta al respecto, casi nadie en México votaría por creer que un hombre sólo, es capaz de hacerse cargo de su casa y de sus hijos, aun cuando las estadísticas señalan que sí sucede.

En realidad es una cosa de lógica, pues no se necesitan ovarios para hacer sopa, lavar la ropa o dar cariño, eso sólo es una cuestión de voluntad y convicción. Adicionalmente, todos conocemos a más de una mujer que, con todo y su aparato reproductor, no es capaz de levantar un plato o de entender por qué un niño llora o se ríe.

En resumen, ellos y ellas son igual de capaces y figuran parecido en las estadísticas, lo único es que, la educación tradicional en México, nos ha hecho creer que unos nacieron para proveer y unas para cuidar, negándoles con esa creencia, la capacidad que como seres humanos todos tendrían que tener, para dar amor y ser responsables de sus propias familias.

Más aún, los padres solteros en México viven con estigmas sociales, creencias absurdas, como que necesitan una mujer que los ayude, que no pueden solos o que sus hijos crecerán incompletos por la ausencia de una madre. Y la verdad es que ninguna de esas cosas es una limitante, basta con entender que hay familias de todos los estilos, y de esa variación no depende el éxito o fracaso de quienes se crían en ellas.

Ser padre o madre, sin una pareja al lado, no es una situación sencilla, pero sí valiente y temeraria, sobre todo en un país donde todavía se cree en la falacia de la “familia tradicional”, como solución a los problemas sociales.

Valeria Lira

@CronicaMexicana

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