¿Quién barre tu calle?

¿Quién barre tu calle?

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Imaginar un tiradero de basura es recrear una especie de mundo postapocalíptico, donde viven los fantasmas y los cadáveres de lo que fue una civilización próspera, que al final se destruyó a sí misma y a todo lo que en ella habitaba.

En un sistema económico como el nuestro, una de las tareas más complejas es crear empleos suficientes para todas las personas, independientemente de su edad, preparación o capacidades. Y es así como solemos pensar, que hay ciertos trabajos que son necesarios sólo porque dan de comer a una familia.

Eso pasa con las personas que hacen la limpieza de las calles. Uno de los pretextos más recurrentes de quienes suelen tirar basura en el suelo, es justamente que así, quienes se dedican a barrer, tienen trabajo.

Suena horrible que pensemos que, indirectamente, le pagamos a alguien para que limpie lo que nosotros, de forma irresponsable, ensuciamos a diario.

La Ciudad de México genera 15 mil toneladas de desperdicios cada día, la cual es recolectada por más de 14 mil personas, quienes trabajan en condiciones de trabajo insalubres, con nula capacitación y por un salario mínimo. La gran mayoría generan negocios alternos con lo que recolectan, como la venta de cartón, aluminio, plástico y objetos de segunda mano, que recuperan de la basura.

Hasta cierto punto, se puede pensar que el trabajo de limpieza urbana y recolección de desperdicios, es uno de esos indeseables, que nadie quisiera hacer ni por un buen sueldo. Algo está mal en una sociedad que ensucia, pero desprecia a los que limpian.

La percepción que en México hay, respecto a los desperdicios, está bastante torcida frente a la de otros países. Incluso, aquellos que se dedican al tema saben que en este país, miles de pesos se desperdician en forma de basura, pues más del 80% de lo que se tira a diario, podría aprovecharse de distintas formas, si tan sólo no estuviera revuelta y sucia.

El trillado tema de la separación de residuos y el reciclaje, va más allá de las manualidades navideñas; se trata de dignificar el trabajo de los recolectores, evitar que nuestro estilo de vida se convierta en la pesadilla de otros, y romper el círculo del consumismo donde compramos, usamos y desechamos, sin ninguna conciencia sobre lo que le estamos aventando al planeta.

Y no es que los que se dedican a la basura, vayan a tener menos trabajo, simplemente tendrán un trabajo mucho más edificante, limpio y sin riesgos sanitarios, además de que lo que obtengan, estará en mejores condiciones para su aprovechamiento posterior.

Además, hay que contemplar que, en buena parte, lo que ocupa espacio en los rellenos sanitarios es todo lo que entregamos sin posibilidades de ser reusado, lo que de algún modo se nos regresa en forma de contaminación del aire, del suelo y del agua, por la filtración hacia los mantos freáticos.

La Ciudad de México cuenta con cuatro rellenos sanitarios, los cuales, poco a poco, comienzan a rebasar su capacidad y en algunos años más, tendrán que ser sustituidos por espacios nuevos.

Valeria Lira

@CronicaMexicana

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