Todos llevamos un Pedro Infante dentro

Todos llevamos un Pedro Infante dentro

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Todavía quienes alcanzamos a vivir en el siglo XX nos “quemamos”, varias veces, las pusilánimes películas del famoso Pedro Infante. Nuestros padres y abuelos repasaron durante décadas la videoteca de ese actor que, quizá sin querer, encasilló a millones de mexicanos en un papel que a la fecha no se quitan de encima.

No hay nada más triste que ver “Un rincón cerca del cielo”, película de 1952, que pinta la realidad de los más pobres de la época. Una pareja solitaria, hundida en la miseria, que ve en su fe la única manera de sobrevivir a las desventuras de su maldecida clase social y todo para que al final, la tragedia sea más fuerte que ellos y los sepulte en un agujero sin salida.

“Nosotros los pobres” de 1948 sigue la misma línea, una historia en la que los pobres son el centro de atención, porque sufren humillaciones de los ricos, viven las peores desventuras, y se escudan en su miseria para llorar.

Y como esas dos, podríamos mencionar una larga lista de películas que educaron a los mexicanos para ser pobres y miserables.

Ni siquiera porque ya llegamos al siglo XXI, los mexicanos hemos podido superar en forma alguna esa separación entre pobres y ricos, como si pertenecer a alguno de los dos estados nos hiciera más o menos humanos en la era de la Inteligencia Artificial.

La mitad del siglo XX fue una etapa de fuerte crecimiento económico para México, situación que contrastaba con la ignorancia generalizada de la mayoría de la población, y que pudo favorecer el boom del cine de oro mexicano, mismo que estaba basado exactamente en la explotación de las tragedias sociales como tema principal.

Del cine de esa época, casi todos los actores y actrices lograron sus éxitos, personificando a mexicanos pobres, víctimas de la injusticia, mujeres sacrificadas y hombres desvalorizados, porque la ley los pateó en el trasero.

Sería fácil apostar que casi cualquier mexicano en una situación complicada, de esas que suceden a diario, se ha visto gritando “¡Torito!” desconsoladamente por las calles, solamente para hacer drama, porque así es más emocionante la escena.

@CronicaMexicana

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