Yo no olvido el año viejo, porque me ha dejado cosas muy buenas…

Yo no olvido el año viejo, porque me ha dejado cosas muy buenas…

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La llegada del año nuevo para los mexicanos es toda una fiesta, un ritual que se sirve de tradiciones, creencias y leyendas urbanas que alimentan al imaginario colectivo nacional.

Llegado el último día del año, la fiesta se hace de barrer las entradas, lanzar lentejas al aire y cargar monedas en el bolsillo, pensando en la prosperidad del año que entrará.

Los propósitos de año nuevo son otro ritual obligado de los mexicanos. Adelgazar, leer más libros, ahorrar, comprar una casa y encontrar marido, son algunos de los más buscados en esta temporada, una especie de ilusiones que nos hacemos para pensar que vendrán tiempos mejores, que seremos mejores personas y mejores ciudadanos.

Es extraño cómo en esta temporada se cruza la cultura mexicana con las culturas extranjeras, el clima caribeño con las imágenes de bosques nevados y la leyenda del Chupacabras con Santa Claus y los Reyes Magos.

También es cierto que, poco a poco, los mexicanos van olvidando el origen de sus propias tradiciones y las confunden con lo que manda la mercadotecnia: árboles de Navidad, pavo relleno, muérdagos y renos mágicos, ¿de dónde salió todo eso en un país donde hace 500 años la vida transcurría entre lagos y trajineras?

Ver pasar el año nuevo en México es rendirse a la idea de que somos los mismos de siempre, que no cambiaremos ni seremos mejores, y que nuestra única cualidad es seguir guardando la ilusión de que algún día habrá vacas más gordas en este país.

@CronicaMexicana

 

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