Cuando el alcohol es el culpable

Cuando el alcohol es el culpable

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Casi todos hemos tenido un amigo, primo, hermano, compañero o conocido, que ha estado involucrado en un accidente de auto, donde el principal protagonista fue el alcohol.

Investigaciones reales revelan que, cada fin de semana en México, unas 200 mil personas se permiten conducir bajo los efectos del alcohol. Quizá eso explique las 24 mil muertes anuales relacionadas con la misma causa.

Y lo peor del caso es que, una buena parte de los muertos ni siquiera había bebido alcohol, se trata de víctimas colaterales que estaban ahí por casualidad, como copilotos, acompañantes, en otro auto o en la calle.

Es extraño cómo, a pesar de enormes campañas para hacer conciencia sobre este mal, aún no bajan las cifras de víctimas mortales o personas que sufren daños permanentes, luego de un accidente relacionado con el alcohol.

Y es que ni siquiera se trata de una enfermedad o un virus contagioso que sale de la voluntad humana. Es tan sencillo como suena, conducir y no beber, o beber y no conducir, es muchas veces la delgada línea entre la vida y la muerte.

Obviamente, también es una de esas cosas que la mayoría considera en el rubro de “a mí no me va a pasar”. Las probabilidades son reducidas, a menos que te cruces con un borracho que casualmente se pasó el semáforo cuanto tú cruzabas, o peor, que esa noche se te hayan pasado las copas hasta perder la voluntad y… bueno, lo demás es historia, sangre, tripas y “hubieras”, que no sirven de mucho.

También en México, esta es la primera causa de muerte entre personas jóvenes, y está directamente relacionada con una tendencia a consumir alcohol a edades cada vez más tempranas, al menos a partir de los 12 años.

Es como si toda una serie de desafortunadas casualidades se conjuntaran, para provocar este tipo de accidentes, donde buena parte de las víctimas son completamente inocentes.

Hace 13 años, en la Ciudad de México se implementó el programa “Conduce sin Alcohol”, que instala retenes en distintos sitios de la capital mexicana, para entrevistar a los conductores y medir sus niveles de alcohol en sangre, evitando que sigan al volante, si superan los límites recomendados.

Desde que el programa comenzó a funcionar, hasta la fecha, al menos 5% de las personas interceptadas han sido detenidas por estar bajo los efectos del alcohol, evitando así que puedan provocar accidentes fatales.

Igual que si se tratara de una broma macabra, usuarios de redes sociales también se han dedicado a publicar las ubicaciones de los famosos alcoholímetros, en distintas ciudades del país, invitando a los conductores borrachos a evadirlos, para evitar un arresto y seguir la fiesta.

No tiene que ver con reglas de moral o satanizar el alcohol, simplemente es acerca de que, conducir un auto conlleva responsabilidades, en uno mismo y en la vida de los demás, responsabilidades que no cualquiera es capaz de asumir, teniendo como consecuencia esta clase de tragedias.

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Valeria Lira

@CronicaMexicana

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