El ciclismo defeño y la apología del miedo

Una máquina sencilla: dos ruedas y dos pedales, es la protagonista de la transformación que ha atacado a las grandes ciudades en el último siglo. La bicicleta es, sin duda alguna, símbolo atemporal de progreso, aplicable en todas sus variantes, niveles, edades y clases sociales.

La saturación de automóviles en grandes urbes, como el D.F. o Guadalajara, ha traído a colación, en al menos los últimos 10 años, la moda de la bicicleta. Su fácil acceso, bajo costo e inocuidad al medio ambiente, hacen de este instrumento algo que ha pasado la barrera del tiempo, desde que fue inventado en 1817.

Tránsito, contaminación, transporte público deficiente, saturación, suciedad y sedentarismo, son las piedras que cargan los chilangos en su vida diaria, por la gran ciudad. La bicicleta es, entonces, un oasis en el que se refugian cada vez más defeños, preocupados por su calidad de vida.

En el 2010, el GDF implementó el programa EcoBici, una alternativa de movilidad urbana, que comenzó ofreciendo en renta, mil 200 bicicletas en 84 estaciones, repartidas en distintas delegaciones. La dinámica consiste en que, a través de una tarjeta prepagada, los usuarios pueden tomar una bicicleta en préstamo, usarla durante unas horas y luego devolverla, de manera que se facilite la movilidad en distancias cortas y medias. Con los años, el programa implementó otros aspectos, como carriles especiales en las calles, y otras medidas que solicitaron los grupos ciclistas. Hoy ya circulan en la ciudad, más de seis mil bicicletas, a nombre de EcoBici.

Desde que existe Ecobici, se tiene registro de 207 accidentes en su nombre, cifra que va en aumento, con cierta lógica, a medida que más usuarios se incorporan al programa. Y tras varios años, surgen distintas opiniones sobre lo que parece ser un difícil camino, al cambio de la movilidad urbana. En el año 2011, el comentarista Ángel Verdugo, de Reporte 98.5,  se pronunció contra los ciclistas durante un programa en vivo; dijo que eran una plaga y le recomendó a todos los automovilistas atropellarlos. Ese comentario le costó su salida de la estación.

Y es bien sabido que circular en bicicleta, implica un riesgo, que muchos corren, en busca de un cambio social y de mentalidad. También es verdad que otros tantos han muerto, en esa búsqueda; víctimas de la intolerancia, la ignorancia y la invisibilidad que representan, para los que se creen dueños del asfalto. De ahí que, parte de la opinión pública, manifieste un cierto disgusto hacia los ciclistas urbanos, bajo el argumento de que las calles se hicieron para los coches, no para los peatones, los ciclistas, los niños o los perros, para ellos no, ¡que los planchen a todos!

Surge entonces la apología del miedo. Así como México vive cierto discurso apologético hacia la violencia, donde el temor a la inseguridad se ha convertido en disimulo, falta de asombro y narcocorridos, también el miedo es algo que los mexicanos tienen bien digerido. Atropellar a un ciclista tiene que ser “normal”, como aprender a vivir con la intolerancia, resignarse a que no hay un cambio, y que todo siempre será igual. Es más fácil aguantarse parado en el microbús, dos horas a diario, por pensar que así estamos más seguros, que pedalear veinte minutos y llegar a casa temprano.

Pero esta apología también es un engaño. En 2013 hubo 175 accidentes viales de microbuses en el DF, entre choques y atropellamientos, donde murieron varias personas. Así que, finalmente, allá arriba, con todo y la peste, no se está tan seguro como uno pensaría.

La conclusión es una cuestión de percepción.  Sólo quedan como testimonio los 2.4 años de vida que los mexicanos gastan, atorados en el tránsito de las ciudades. Es evidente que el modelo seguido, no funciona y eso recuerda la canción del cantautor mexicano David Aguilar, una que reza: Cuando la ciudad va llena, una noble maquinaria, en la vida diaria podrá ayudar…

Valeria Lira

@MoirBoicot

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