¿Cómo hablamos los mexicanos?

En el Metro tú viajastes y pa arriba te subistes, de estación te equivocastes y pa abajo te bajastes… (Las Nacas)

No, no es apología de la clase popular mexicana, ni tampoco una burla, es sólo reflejo de una realidad lingüística. El español es, por adopción, imposición o herencia, el idioma oficial en México desde el Siglo XVI, cuando llegó la conquista española a América, y empezó el proceso de castellanización y evangelización de los nativos. Muchos de los regionalismos que hoy se usan en el país, son adaptaciones del español antiguo que trajo la colonización europea.

Hoy día, el español contemporáneo tiene de 150 a 350 mil palabras, con sus variantes por país, región, y los diferentes sectores culturales y sociales que lo interpretan.

Por otro lado, dice la ciencia que el ser humano promedio usa algo así como el diez por ciento de su capacidad cerebral, lo que explica por qué un mexicano común no tiene un léxico mayor a 300 palabras, o sea, que utiliza el .1% de todas las palabras que existen en el español. Y el resto queda con el polvo, oculto bajo la alfombra.

En los últimos años se ha desatado la polémica respecto al uso del español, a partir del Internet, la mensajería y las redes sociales, debido a un fenómeno de simplificación en el que, principalmente los jóvenes, están acortando las palabras, supuestamente por falta de tiempo o simplemente por flojera de escribir correctamente. En algún momento estuvo de moda escribir cosas como “X” “CMO” “D” “TQM” y toda clase de malas abreviaciones del lenguaje, supuestamente sustentadas bajo el pretexto de la instantaneidad que se vive en estos días. Sin embargo, no es tan sencillo tirar siglos y siglos de, de un idioma que hoy hablan casi 600 millones de personas, sólo superado en número de hablantes por el mandarín.

Además, hay que recordar que el ser humano, cuando la etapa primitiva, modificó su estructura orgánica para poder emitir palabras complejas, (de ahí que difícilmente otro animal pueda hacer los mismos sonidos), entonces, tras tanto trabajo, y años de evolución, no parece ni justo ni sencillo regresar a los monosílabos, sólo porque da flojera hablar o escribir bien.

Otro fenómeno interesante del lenguaje en la posmodernidad es el caso de Twitter. Como red social, este elemento destaca de entre los demás porque ha desafiado la inteligencia de los usuarios al tener un límite de 140 caracteres en los que se deben emitir frases coherentes, con referencias, y, en la medida de lo posible, que puedan causar reacciones. Lejos de limitarlos, este detalle permitió que los 250 millones de twitteros que existen, según cifras de EMarketer, aprendieran a expresarse de forma concisa e inteligente, un caso poco común en el mundo de las nuevas tecnologías.

Al final todo, se trata de un proceso evolutivo, y más bien que mal, el español, con todas sus modificaciones, sigue vigente entre los hispanohablantes y cobra su cuota cada vez que uno de ellos gana un premio literario internacional, como el de Cervantes, de Elena Poniatowska en el 2013, o el más reciente reconocimiento de la Real Academia Española (RAE), a la filóloga Beatriz Arias, por su investigación sobre el español antiguo. De esta manera, se reivindica el papel del idioma, aún en el mundo posmoderno con toda su velocidad, instantaneidad y tecnología.

Amore_e_psiche_(1)

Valeria Lira

@MoiraBoicot

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