No crezcas más

No crezcas más

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La infancia es la mentira más dulce que nos pudimos haber creído.

Yo solía ser un gato flotando en el espacio. Cuando me subía a esa nave intergaláctica, no existía el tiempo, mis papás o la tarea, y el mundo era una abstracción mágica, un escape siempre posible. Porque la gracia de ser niño es –precisamente– que todo parece real y alcanzable, no hay barreras, fronteras u horizontes, nadie te ha dicho que no puedes y así, de manera instintiva, crees en la belleza de tus propias ilusiones.

Por desgracia vivimos en un mundo donde importa demasiado la adultez y convertirte en alguien que no eres, por eso la infancia dura tan poco y a cada segundo somos un poco menos niños y más esos híbridos de mala cara que infestan las calles, encerrados en sus autos.

Basta imaginar, sólo por un segundo, cómo sería el mundo si todos hubiéramos crecido para ser exactamente aquello que soñamos de niños. Se acabarían la burocracia, los malos políticos y hasta los administradores con sus números aburridos, y viviríamos en un mundo lleno de vaqueros, princesas, pianistas, constructores de montañas rusas, maestras de primaria, corredores de autos, astronautas, espías y bomberos; sería un mundo donde todos harían sólo lo que dictara su corazón.

¿Tú, qué querías ser cuando eras niño?

La infancia siempre ha sido y siempre será igual, pese a que cambie la manera en que llevamos la vida y que, como adultos, pretendamos creer que los niños son distintos. Ellos no cambian, siguen siendo personas chiquitas, viven indefensos en un mundo complicado, y anhelan lo mismo que anhelamos nosotros cuando teníamos su edad: ver la televisión, comer un dulce, ver llegar a Santa Claus y entender lo que dicen los perros. Es muy básico, pero así de básico es ser un niño y amar las cosas importantes de la vida, lo demás son mentiras que nos creímos al crecer.

Dicen por ahí que para analizar tu grado de satisfacción en la vida, tienes que preguntarle a tu niño interior qué tan orgulloso está de lo que has logrado, si hiciste lo que querías, si perseguiste tus sueños y si eres tan feliz como cuando soñabas con crecer. Primero suena raro, luego difícil, pero al final tu niño interior es el único que jamás te va a mentir respecto a cómo estás haciendo las cosas.

Y aunque crecer es inevitable, como lo son también las enfermedades o la muerte, quizá sí vale la pena vivir cada día pensando que ese niño interior sigue siendo feliz y confía en ti, su “yo” del futuro, para que trabajes de acuerdo con el plan establecido.

Valeria Lira

@CronicaMexicana

 

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