Corazoncitos y flores, ¿cuánto cuesta el 14 de febrero?

Corazoncitos y flores, ¿cuánto cuesta el 14 de febrero?

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Apenas se están despidiendo los árboles de Navidad y digiriéndose los tamales del 2 de febrero, cuando ya llega esa extraña época del año en que todo se llena de corazones rojos y ositos cursis de peluche. Odiado por muchos y amado por otros, así es el más que celebre 14 de febrero.

Apasionados, románticos y hasta sobreactuados, a los mexicanos les encanta la farsa del amor, los chocolates, las cartas y el cuento fantástico del príncipe azul, por eso les va perfecto un mes en el que todo eso se engrandece e inunda los basureros, como si fuera agua sucia desbordándose de las cañerías.

Y no, para nada es que comparemos los deshechos humanos que corren por el desagüe, con el amor que se desborda en febrero, pero la verdad es que sí funcionan parecido.

Aunque suene muy bonito, el 14 de febrero y su parafernalia, rayan demasiado en lo cursi y hasta en lo barato; se calcula que un 80% de los mexicanos, dispone algo de su dinero para la fecha, en promedio $500 pesos que se destinan a la compra de regalos, comidas y cenas en restaurantes, y renta de habitaciones en hoteles y moteles.

Aunque sea cursi, hay que admitir que el Día de San Valentín es una fecha esperanzadora para comerciantes y prestadores de servicios, que prácticamente sobreviven de este tipo de celebraciones, aferrados al gasto –inteligente o no– que hacen los consumidores para seguir con la tradición, y no quedarse fuera del círculo de la borregada.

La lista para el 14 de febrero no es muy variada, globos, peluches, chocolates y flores, que dejan una derrama económica de más de mil millones de pesos al país, mucho flujo monetario y negocios que, gracias a eso, pueden considerarse en ganancias.

Por desgracia no hay una estadística que revele, cuánto desperdicio se genera en ese romántico día, pero debe haber una cifra significativa, por todo el papel, plástico y envolturas en general, que sólo en esa emblemática fecha se dejan ir directo al bote de la basura; eso sin contar todas las flores que, casi al mismo tiempo que se cortan, se convierten en residuo, porque al comprador, o compradora, lo mandaron muy lejos con sus regalos, sus corazones y todo su enorme y cursi amor.

Al final, el 14 de febrero es sólo un pretexto más de celebración, salir temprano del trabajo, acortar el horario de clases, llegar más tarde a casa, y alargar la sobremesa en torno a un rojo pastel. Eso le encanta a los mexicanos, cualquier cosa que los haga salir de la rutina, saltarse los protocolos, para pasar directamente a la fiesta e instalarse en un mundo fantástico, donde la realidad es un poco mejor a la que ven a diario.

Meloso o no, tampoco tendría que haber algo de malo en una fecha que celebra el amor, los amigos y la libertad de dar afecto sincero, en un país donde reinan la violencia, el abandono y la deshonestidad generalizada. Más afecto, amistad y amor, son cosas que hacen falta, aunque impliquen cursiladas y uno que otro horrendo oso de peluche.

Valeria Lira

@CronicaMexicana

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