Trépate al pesero

Trépate al pesero

microbus

No hay nada más chilango que un pesero, ese folclórico transporte público, que es vehículo de millones de personas en la Ciudad de México y en muchos otros estados de la república.

Ya sea por cuestión económica, por comodidad e incluso por un intento de conciencia, acerca de la contaminación que produce el exceso de autos en la CDMX, el pesero es uno de los transportes públicos más concurridos de esta enorme capital, tanto que incluso los 30 mil que hoy circulan, ya no son suficientes para abastecer la demanda.

El pesero debe su nombre a que, cuando fue instituido en la ciudad, en los años 60, la cuota fija era de un peso por pasajero. Claro que en ese momento la CDMX estaba dando sus primeras muestras de crecimiento, hacia convertirse en el monstruo urbano que es hoy, con una población que no era ni la mitad de la actual y vías de comunicación mucho menos desarrolladas.

Los peseros son una caricatura de la sociedad chilanga, el mejor retrato de quienes aquí viven y sobreviven a diario, trepados en estas moles de fierro y contaminación.

El chiste empieza con la clásica imagen del chofer de pesero, ataviado con una playera sin mangas, la axila peluda, la imagen de la virgen pegada en el retrovisor y hasta un tapete de peluche que adorna el tablero. Casi en todos los casos, la caricatura remata con el nombre de Jeniffer, Britany, Dayana o Wendy, rotulado al frente del parabrisas.

Y los pasajeros no se quedan atrás, hay desde los clásicos mocosos pubertos de secundaria, cargando una mochila como de diez kilos en un brazo, y en el otro las papas atascadas de salsa, útiles para aguantar el hambre hasta llegar a casa. Ya con el sabor a garnacha en la boca, pasan el trayecto besuqueándose sin pudor alguno.

También está la clásica señora talla extra, una ciudadana común que se comió todos los tamales del puesto, y luego se subió al pesero. Y es esa misma la que te obliga a quedarte parado, viendo cómo sus medidas están ocupando lo que debería ser tu asiento.

Luego viene otra clase de señora, esa a la que nadie le explicó el asunto de la sobrepoblación y la necesidad de tener un auto si vas a tener tres o cuatro cuatro chamacos. Y ahí van la mujer, las criaturas, las mochilas, las loncheras y hasta el mandado, pidiendo disculpas, porque obviamente no caben.

Y para rematar, el clásico Godínez, hombre desmañanado por naturaleza y cuyo único instinto de sobrevivencia se reduce a poder dormir parado, sentado, aplastado y hasta colgando de la puerta del pesero. Solamente esta clase de ciudadanos desarrolla la habilidad de presentir cuando la parada se acerca, y despertar de manera instantánea para alcanzarse a bajar.

En los últimos años, el gobierno de la ciudad ha desarrollado proyectos de transporte que intentan desaparecer los peseros, debido a que la mayoría de las unidades ya no son seguras, carecen de mantenimiento y son un foco rojo en cuanto a delincuencia. Sin embargo, nadie puede negar que siguen siendo una de las opciones más viables de movilidad, debido a que son económicos y no tan lentos como el famoso Metrobús, proyecto que a varios años de haberse instituido, es cada vez más un problema y menos una solución.

Y nada, el que no se haya subido al pesero alguna vez, que lance la primera piedra…

@CronicaMexicana

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