Tener hijos en la posmodernidad mexicana

Tener hijos en la posmodernidad mexicana

llorona

Leí por ahí, que un día no tan lejano, la Llorona vio cómo andaban los precios de las colegiaturas, los uniformes y cuanta porquería necesitan los mocosos de hoy en día para ir a la escuela (a hacerse tontos), y entonces decidió dejar de buscar a sus hijos. Ahí terminó con eso del “¡Ay, mis hijos!” y comenzó a gritar “¡Ay… los hijos de alguien más…!”.

Son esas cosas que en la posmodernidad mexicana no acabamos de entender. Antes tener cinco pesos, era tener para el camión de ida, para tu torta, tu refresco y el regreso, y con suerte hasta te quedaba un tostón. En la actualidad tener cinco pesos es igual a tener una moneda de cincuenta centavos en la bolsa, de todos modos no te alcanza para nada y a lo mejor hasta te toca regresarte caminando a tu casa.

Y de educación mejor ni hablamos, es un asunto que está tan devaluado como sobrevalorado, al mismo tiempo. Todo el mundo se preocupa por pagar escuelas costosas para sus hijos, pero poco les importa si sus engendros son mínimamente capaces de decir buenas tardes, por favor o gracias. Y eso, aunque quieran, no lo enseñan en la famosa “Rosa de Guadalupe”.

Es gracioso ver cómo la mercadotecnia invade las escuelas de educación básica. Venden libros a montones, métodos para que el escuincle aprenda inglés, francés, ruso y hasta se pare de manos, ideas innovadoras para que haga cálculos matemáticos avanzados en segundos, aplicaciones inteligentes para que supere sus propios puntajes en todas las materias. Y todo eso para que al final el niño gaste su tiempo jugando en el celular y compartiendo muñequitos idiotas en el chat.

Hace 30 o 40 años, las generaciones de mexicanos en crecimiento eran completamente distintas a las de hoy. En esa época no se escuchaba hablar tanto de la educación, de la importancia de ir a la escuela y menos de teorías psicológicas sobre cómo crecer chamacos. Los que podían iban a la escuela, aprendían lo que su entendimiento les permitía y con eso salían al mundo a sobrevivir.

En las casas no había más ley que una chancla, un palo o un zape bien acomodado. No existían los traumas infantiles y menos la paciencia de los padres; era un mundo en el que las personas aprendían a cuadrarse, a golpes.

Se supone que el siglo XXI es una era civilizada, en donde las personas ya no se tratan con violencia y los castigos a los niños están casi prohibidos.

Irónicamente, este mundo tan “civilizado”, está lleno de caos y tripas. Los niños son tiranos y los padres son esclavos, y la disciplina es una palabra casi en desuso. Tan es así, que parece que hemos –al menos en México– olvidado cosas tan elementales como el respeto, el orden y el esfuerzo.

Los niños mexicanos posmodernos viven, en su gran mayoría, inmersos en pantallas que les ponen el mundo a sus pies, eso aunque no sepan para qué sirve y lo reduzcan a una red social, y el capítulo en línea de una telenovela chafa. Impera la ley del mínimo esfuerzo y la recompensa fácil.

¿Para qué leer un libro, salir a jugar al parque o aprender a saltar la cuerda?, si en un teléfono pueden mirar diez millones de vídeos de gente en otros países, que ya lo hacen y se divierten mucho…

Y es que la posmodernidad también nos ha enseñado la comodidad de limitar nuestras experiencias de vida, solamente para evitar la fatiga de esforzarnos para conseguir las cosas. ¿Para qué me reúno con amigos, si a través de una red social puedo observar lo bien que la pasan sin mí?, ¿para qué ahorro para viajar, si puedo ver vídeos de gente que ya viaja y la pasa increíble?

Tener hijos en la posmodernidad es mucho más complicado de lo que parece. Hay que estar sujetos a toda una la enorme cantidad de información inútil que nos bombardea, entender que no eres nadie si tus hijos no van a una buena escuela, aunque nadie sepa que no tienes para comer, o sin importar que nunca los veas, por estar siempre trabajando para pagarla. Entender también que tus hijos, niños posmodernos, tendrán que tener un aparato en las manos antes de aprender a caminar, estar al tanto de la telenovela idiota, comprar lo que todos compran y aprender a presumirlo en redes mientras tú, como papá, te endeudarás eternamente para que no se queden fuera y se traumen.

Por todo eso y más, la Llorona decidió fingir que sus hijos nunca habían nacido, se puso un Dispositivo Intrauterino y caminó lentamente hacia su nuevo estatus de soltera, libre y feliz.

@CronicaMexicana

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