¿Por qué están gordos los chilangos?

Es clásico que te subes al transporte público y el chofer te indica que queda justo un lugar, tú volteas buscando acomodarte, pero no ves ese sitio por ningún lado. ¡No hay!, justo dos obesos mórbidos se juntaron y te toca sentarte en medio, tú eres el sándwich, o mejor dicho la torta de carnitas.

Y todo esto viene a colación porque hay que entender que las lonjas en la espalda no son normales, usar talla de pantalones extra inmensa no puede ser bueno, y no porque haya 48 millones de obesos en el país significa que estamos haciendo lo correcto.

Pero, ¡qué rico es tragar quesadillas, memelas, atole, tamales, tacos, sopes, elotes,  pan, pulque, tepache, patas de pollo, higaditos y mollejas, huevos cocidos, hot dogs, pizzas, comida china, alegrías, macarrones, churros, chicles, chocolates, paletas heladas, hamburguesas, tostadas de pata, hot cakes, pasteles, y todo eso para lo que los mexicanos nos pintamos solos!, y sobre todo si somos defeños, porque en esta ciudad lo que sobra son negocios de comida, establecidos y ambulantes. Pululan por ahí los carritos de súper, los canasteros y hasta los autos a media calle, que instalan su restaurante motorizado de tortas de chilaquil y tamal oaxaqueño.  Ahora sí que #hayquetragar.

Y es que, ¿a poco no, los chilangos siempre estamos comiendo?, no hace falta pretexto –nunca– para abrir la boca en el primer puesto que encontramos a la vuelta de la casa, en la bajada del camión o a la entrada del Metro. Así celebramos la felicidad, acompañamos la tristeza y consolamos el aburrimiento.

Pero así como ganamos en variedad gastronómica, también lo hacemos en niveles de obesidad; la Secretaría de Salud del DF documenta que la entidad está por arriba de la media nacional con 75.4% de mujeres con sobrepeso, 69.8% de hombres y 35% de niños. Si vemos estas cifras a nivel nacional, las enfermedades derivadas de la obesidad le cuestan al país 25 millones de pesos anuales en ingresos y productividad, y otros 50 millones al sistema de salud público, que tiene que pagar consultas, medicinas, incapacidades y pensiones por cada uno de los 48 millones de “gorditos” que habitan en todo el país y que, un día, serán enfermos también. ¡Sí, sí pesa, oiga!

No es casualidad que, con todo y sus deficiencias, el Gobierno de la Ciudad de México haga un intento por bajar las cifras implementando espacios públicos para el ejercicio físico, ferias de alimentación saludable y programas de activación, en escuelas de educación básica.

También los legisladores implementan, año con año #nacidasparaperder, una serie de leyes que incluyen impuestos a la comida chatarra y la eliminación de publicidad, que condiciona el comportamiento alimenticio de los niños mexicanos, pero hasta ahora no se ha visto ni una mínima reducción en las cifras, más bien han crecido.

c

Pero siendo realistas, la vida en la gran ciudad no da mucha oportunidad para vivir saludables, empezando por la enorme población “Godín” que atiborra las oficinas en horario, más o menos, de 8 a 6 de la tarde, con una hora de comida, apenas suficiente para atascarse unas garnachas de puesto y volver a posar la lonja en el cubículo. Aunado a que, también, ganamos la estadística en cuanto a horas gastadas en el transporte público, con un promedio de 23 horas mensuales que perdemos en trasladarnos diariamente. Así, no hay manera de llegar a casa y tener ganas, o al menos tiempo, de moverse un poco más.

A todo esto hay que sumarle que estamos negados al ejercicio; el Inegi, en 2014, publicó que el 56% de los mexicanos no realiza ningún tipo de deporte, es decir, más de la mitad de la población sólo conoce el ejercicio de mano: cambiarle a la tele y acercarse los sopes a la boca.

Con todo esto, no sorprende ni un poco que la Ciudad de México tenga el primer lugar en muertes por diabetes, en todo el país. Y esa cifra no sólo le pesa al DF, sino a toda la nación.

Y para rematar, ya es más que conocido que una generación de obesos lo es también de enfermos crónicos y muertos jóvenes e improductivos. El Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) realizó un estudio sobre los costos sociales de la diabetes en México, donde concluyó que el país pierde hasta 25 millones de pesos en ingresos y productividad, debido a todos los empleados que padecen la enfermedad, y que cuestan horas-hombre por las complicaciones, los permisos, las incapacidades y las pensiones. En total, la diabetes cuesta 50 millones de pesos anuales al sistema de salud, y la estadística va en aumento.

Y no, no se trata de hacer los asientos del camión más grandes para que quepan los gordos, se trata de hacer conciencia sobre una cuestión que gangrena al país, y lo condena a pasar una muy mala calidad de vida, para las siguientes generaciones.

 Valeria Lira

@MoiraBoicot

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail