En el país de las minorías

En el país de las minorías

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Pertenecer a una minoría poblacional en México no solamente tiene que ver con números, también con la cerrazón mental del resto de la sociedad.

En general, cualquier grupo minoritario en México suele vivir las dificultades de la ignorancia, la discriminación e incluso la segregación social, porque los mexicanos no son personas acostumbradas a vivir en las diferencias. No importa si se trata de preferencias sexuales, géneros, discapacidades o incluso edades, porque de todas maneras ser minoría en este país, a veces parece significar que se tienen los derechos humanos disminuidos o que falta la capacidad para ser persona, en la misma calidad de los otros.

En cuanto al tema del género y la orientación sexual, aquí se reconoce desde hace varias décadas al grupo de los lésbico, gay, bisexual, trasvesti, transexual, transgénero, intersexual (LGBTTTI), sin embargo, ese reconocimiento todavía parece estar en duda, cuando se habla de otorgarles derechos civiles, como el matrimonio legal o la adopción.

México vive a años luz de distancia, de naciones en donde las personas del LGBTTTI poseen derechos por su calidad de personas y no por su calidad de minorías. Entonces, el hecho de estar discutiendo si otorgarles o no garantías, que por sí mismas ya deberían pertenecerles, nos hace ver como una sociedad retrasada e instalada en la discriminación.

Casi el 4% de la población mexicana dice pertenecer el LGBTTTI, y de ese porcentaje se forma casi el 1% de las familias en el país, con parejas del mismo sexo e incluso con hijos.

No son cifras menores, se trata de una parte significativa de los ciudadanos mexicanos, que ve cuestionadas sus garantías individuales, sólo por sus preferencias sexuales o su elección de género, como si de eso dependiera su condición de personas frente a los demás.

El simple hecho de poder o no decidir dejar una herencia o una pensión económica a una pareja del mismo sexo, representa en México una discusión moral, una manera de decir que la sociedad tiene derecho de opinar sobre la vida privada de los individuos, y oportunidad de decirles con quién deben estar y con quién no.

Y ya ni hablar de cuestiones más complejas como el cambio de género y la incorporación de personas con género transformado, hacia la vida diaria. En general, la sociedad mexicana todavía se eriza cuando se le plantean este tipo de cuestiones, y en su actitud retrograda suele olvidar que no se le está hablando de objetos, sino de personas con alma.

Las personas LGBTTTI son una minoría cada vez mayor en México, y su población aumenta a medida que empieza a haber apertura al tema, lo que al mismo tiempo hace a los jóvenes crecer con menos complejos, abiertos a explorar y ser más ellos mismos, en lugar de lo que les dicta el resto.

La adopción y el matrimonio legal para personas del mismo sexo, son batallas que todavía se están peleando, pequeñas conquistas que van significando mucho en el avance de los derechos de los grupos minoritarios en México, y sobre todo en el otorgamiento igualitario de los derechos humanos (lo que tampoco debería estar en duda, ni ser objeto de discusión).

@CronicaMexicana

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