Vamos a dar una vuelta al tiempo

Todo lo que quisiste, todo lo que tuviste y todo lo que perdiste. El Museo del Juguete Antiguo Mexicano, es una máquina de viajes al pasado, y un camino para el niño interior que andaba perdido.

En calles de la colonia Doctores, enclavado en un edificio mágico, el MUJAM es un espacio para el recuerdo –apenas fundado en el 2007– que recoge 55 años de historia en una enorme colección de juguetes, desde la etapa de la Segunda Guerra Mundial hasta la década de los 90; por si acaso nadie se ha preguntado a qué jugaban los niños en la era de los hippies, o cuál era la actividad favorita de una niña mexicana de los 80.

Museo

¿Y tú, a qué jugabas?

Sigmund Freud dijo que el juego del niño es simplemente la proyección del adulto, entonces todo lo que un día jugamos fue lo que soñamos del futuro, bueno y malo.

Calimán, el Hombre Atómico, la muñeca Juanita, los Ositos Cariñositos, Chabelo, El Planeta de Los Simios, la Barbie, la cuerda, el trompo, el balero, las bicicletas y los patines. La infancia mexicana fue, en su tiempo, una posibilidad infinita para la imaginación de los niños pobres, ricos, comunes y corrientes; lo que hoy recoge el MUJAM, en un sitio difícil de visitar sólo una vez, por la gran cantidad de detalles tan impresionantes que carga dentro, trayendo consigo, además, una sensación de nostalgia, como recordar que tenías algo, que hoy has extraviado.

Y este museo no es sólo para la nostalgia, es también un instrumento histórico que nos explica la idiosincrasia mexicana: los sueños de los que hoy son adultos, las etapas del desarrollo económico y de austeridad, el machismo y las creencias con que este país fue educado. ¿Por qué en los 50 las niñas jugaban a ser mamás y los niños a los soldados?, ¿por qué surgieron los hombres de acción?, ¿de dónde sacó Barbie las entrañas para mandar al diablo el patriarcado, convertirse en deportista y tener auto propio?

Hay, en algún rincón de este museo, una casita que parece la réplica exacta de una casa real, con sus muebles, sus sillones, sus puertas, sus platitos y sus vasos del tamaño de una uña. La historia: Una niña alemana jugaba con ella, justo antes de ver llegar la Segunda Guerra Mundial. Y muchos años después, en su vejez, esa niña llegó hasta la Ciudad de México para reencontrarse con su juguete, en este espacio.

Entrar al MUJAM es atravesar una puerta mágica, entonces los trajes, las corbatas y los tacones se caen, se achican las manos, se encogen las piernas y uno vuelve a tener ocho años, con los dientes chimuelos y un pastelito escondido bajo la almohada, soñando con el mar y los monstruos de la tele. Caminas por los pasillos y gritas porque ves tu carrito, aquél con el que rodaste por el mundo y ya ni te acordabas. Otra vez le quieres agarrar la mano a tu mamá, y se te olvida cómo se atan las agujetas de los tenis. Aquí todos son niños otra vez.

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Este espacio exhibe más 45 mil piezas de juguetes, de todas las clases y épocas, en un rincón mágico que invita a la autoexploración interior, evoca la sonrisa y permite el recuerdo franco y sincero.

 

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