Bio Box: dinero por tu basura

Bio Box: dinero por tu basura

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Uno de los principales problemas de las ciudades grandes, es la cuestión de la administración de desperdicios; nadie saben dónde están los botes de basura, siempre hacen falta más y los que existen, quizá no deberían estar ahí, porque constantemente se convierten en pilas enormes de contaminación y fauna nociva, y no siempre tienen la recolección adecuada.

Los ciudadanos producen basura y el gobierno, o las instancias encargadas, ya no saben dónde meterla. Y así es como los desperdicios van robándole espacio al paisaje y a la vida urbana.

Cualquiera que viva en Chilangolandia está más que acostumbrado a encontrarse, cada dos o tres cuadras, con una montaña de basura, que alguien irresponsablemente abandonó, como si por arte de magia se fuera a esfumar hacia la nada.

Solamente la Ciudad de México genera, cada día, 13 mil toneladas de desperdicios, la gran mayoría de los cuales no tienen un tratamiento adecuado y sólo terminan ocupando espacio en rellenos sanitarios, donde además producen gases nocivos y sustancias que dañan el subsuelo.

Hace unos tres años, la empresa Hengsheng PlasticMX creó un modelo de máquina biorecicladora, diseñada específicamente para solucionar el problema de los desperdicios en la Ciudad de México, enseñando a los ciudadanos que lo que tiran como basura, también tiene valor económico y no es una pérdida en su totalidad.

Las llamadas Bio Box, son máquinas que, ubicadas en puntos estratégicos, reciben botellas de PET y aluminio, a cambio de dinero electrónico, depositado en una tarjeta. Con esa misma, después se pueden adquirir artículos en supermercados y tiendas de conveniencia, participantes.

También, gracias a convenios con organizaciones civiles, empresas y marcas, hay la posibilidad de recibir otros beneficios por depositar botellas y latas en las máquinas, con la opción adicional de donar el dinero recaudado a alguna causa social.

La idea de este proyecto, creado en México por una empresa norteamericana, es crear conciencia en los consumidores, e incluso generar una alternativa económica para quien esté dispuesto a recolectar los envases, y colocarlos en cualquier máquina disponible.

Es tan simple como cambiar el patrón de comportamiento; en lugar de abandonar tu botella a media calle o en un bote desbordado, lo metes en la máquina y obtienes dinero por ello.

Desde que se colocaron las primeras máquinas en 2014, y hasta la fecha, los capitalinos han ido aceptando y entendiendo el proyecto, de modo que hoy hay al menos once de ellas, en distintos puntos de la ciudad, y se planea colocar por lo menos 300 en los siguientes años.

También, gracias a la aceptación de los usuarios, la empresa están en pláticas con el gobierno de la CDMX, para colocar Bio Box en estaciones del Sistema de Transporte Colectivo Metro, cuyos puntos sirvan precisamente para adquirir boletos y poder viajar.

Al menos en este aspecto, podemos hablar de un progreso de la capital mexicana hacia el primer mundo, obligando a los ciudadanos a reflexionar acerca de qué es lo que consumen, por qué y cuáles son los efectos de hacerlo, no sólo en sus cuerpos y en sus bolsillos, sino también en el entorno.

Valeria Lira

@CronicaMexicana

 

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