La caricatura del milagro mexicano

La caricatura del milagro mexicano

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Un milagro se define como aquel suceso extraordinario que no puede explicarse con la lógica o la ciencia, y entonces se atribuye a fuerzas sobrenaturales o seres divinos. Ese es el concepto real de un milagro, sin embargo, para los mexicanos la cosa va mucho más allá y un asunto de estos es casi cualquier cosa que le salga por pura suerte.

Para las cuestiones religiosas los mexicanos se pintan solos. En la cultura nacional no hay nada más cacareado que Dios, la virgencita, los santos y los ángeles nalgones, que andan volando en busca de algún cristiano mexicano despistado, al cual hacerle el favor.

La Iglesia Católica tiene sus leyes y sus elementos para definir lo que es o no un milagro, esas que anuncian como apariciones, revelaciones y las mangas de todos los muertos que se han levantado por ahí.

En México los milagros resultan más que sucesos fantásticos, verdaderos acontecimientos que le dan cuerda a la loca fe de miles de creyentes; no es que los milagros no existan, es que en este país son demasiado alocados, parecen más que realidad, una cuestión del imaginario colectivo, puras ganas de creer en que hay algo mejor allá arriba.

Hadas mágicas, paredes que lloran, cristos que crecen y santos que ven a la gente con sus ojos de canica. A estas alturas es difícil discernir si los mexicanos tienen mucha imaginación o de plano son unos chismosos y nada más buscan cómo llamar la atención.

¿Alguna vez te pusiste a pensar cómo hacen esos a los que se les aparece la virgen en el escusado o que por razones mágicas tienen una llave de agua de donde surgen líquidos curativos?, ¿por qué no a todos les suceden esas cosas, si todos los católicos y cristianos de este país se presumen hijos de diosito y van por ahí cantándolo sin vergüenza alguna?

También es verdad que hay ciertas cosas que no tienen explicación, absurdos que están ahí y no hay forma de atribuirles una lógica, aún cuando nos llenan los sentidos, nos hacen felices y nos dejan maravillarnos, pensando en todos esos mundos que no conocemos.

Un milagro tiene como condición principal que quienes lo presencian, no duden de él ni lo cuestionen, es un asunto de fe que no permite preguntas de lógica o pruebas de verdad.

En base a lo anterior, podemos entender que un verdadero milagro mexicano puede ser tan absurdo como se quiera, puede incluso suceder en los lugares más recónditos, como la bolsa de chicharrones de una señora gorda, o el cuaderno de tareas no hechas de un mocoso de primaria.

No hay nada que discutir, los mexicanos son milagrosos y absurdos, un chiste para cualquiera que se pregunte: ¿cómo, pesar de todo lo que viven y las condiciones en que sobreviven, pueden seguir creyendo que hay un Dios que les manda señales mágicas para decirles que los quiere?

Quizá la abundancia de milagros en este país, responde a la falta de fe de los mexicanos sobre sí mismos. Si supieran de lo que son capaces, entonces no necesitarían los milagros de nadie para vivir mejor y superar las cosas que les suceden.

@CronicaMexicana

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