¿Quién te sirve?

¿Quién te sirve?

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En México estamos acostumbrados a menospreciar a las personas cuyos empleos parecen menores, aunque por el contrario, tengan gran influencia sobre nuestro día a día.

Meseros, lavacoches, policías de barrio, empleadas domésticas, barrenderos, recolectores de basura, cocineros, y un montón de oficios más se desarrollan en el país, dan trabajo a millones de personas y permiten que quienes dicen disfrutar de un estilo de vida más elevado, al menos tengan los calzones limpios y comida decente en el estómago.

Sí, es cierto, la señora que hace la comida en casa a diario, no es una sirvienta, menos esclava o mucama, es la encargada de que tengas alimentos limpios y sanos para llevarte a la boca, y de paso, que puedas sentarte a la mesa con comida caliente sin mover un dedo.

¿Por qué será que los mexicanos, sin importar nuestra clase social, aprovechamos cualquier mínima diferencia para humillar a los demás?

¿Qué sería de las señoras elegantes de la Ciudad de México, ocupadas con sus clases de tenis en el club, si las empleadas domésticas decidieran ponerse en huelga y no volver al trabajo? Tendrían que olvidar sus rutinas de embellecimiento, para ir a cocinar sopa de fideos, soportar mocosos chillones y tallar las camisas mugrosas de sus maridos, hasta el cansancio.

Un ejemplo aún más apocalíptico es pensar, ¿qué pasaría si desaparecieran los famosos “viene viene”? Tú les das los tres centavos que tienes en el cenicero, pero gracias a ellos, no terminas embarrado en un poste, cada que quieres salir de un estacionamiento.

Todos esos oficios, en apariencia sencillos, hacen nuestra vida más fácil y permiten que el mundo siga girando.

Otro factor muy importante a recordar, es que una economía tan limitada como la de México, donde los ricos tienen mucho y los pobres no tienen nada, los oficios menores y los subempleos dan cierto equilibrio a las condiciones monetarias. Ya que el país, por sí mismo, no es capaz de producir empleos para todos, este tipo de actividades informales otorgan ingresos, una ocupación digna y una manera de vivir bastante decente.

En el país hay al menos dos millones de personas que trabajan en el servicio doméstico, la mayoría con un sueldo que no supera los dos salarios mínimos, pese a que cumplen horarios laborales entre las 4 y las 12 horas. Y eso sin importar que alimentan, cuidan a los niños, limpian la casa y hasta soportan los malos ratos de señoras, señores, señoritas y locos agregados.

En México se eliminó la esclavitud hace muchos años, lo que significa que ningún oficio, por menor o sencillo que parezca, es causa suficiente de humillación o menosprecio. Eso sin importar el pretexto de las clases sociales, que últimamente se usa como pretexto para sacar a flote el resentimiento con el que los mexicanos se han educado.

@CronicaMexicana

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