Hasta en las mejores familias

Hasta en las mejores familias

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Uno crece, trabaja, crea un patrimonio, forma una familia, envejece y muere, y nunca llega a pensar que, a quienes tanto amó en vida, algún día se van a destrozar entre ellos, por heredar.

Esta historia, que suena como de telenovela, cada vez es más común en México. De un tiempo a la fecha, heredar es el máximo objetivo en la vida de millones de personas, que parecen normales, hasta que tienen que pelear por un pedazo de tierra; entonces se desquician.

La historia es clásica, una familia de varios miembros, padres que mueren dejando una casa, un negocio o aunque sea una mesa. Y apenas se enfrían sus cadáveres, los hijos ya están corriendo a aferrarse a lo que creen que merecen por derecho de sangre, aunque eso los convierta en enemigos de su propia familia.

Las estadísticas señalan que los juicios por herencias o impugnaciones de testamentos, son rubros que van al alza, y aunque no hay un dato específico al respecto, es cuestión de indagar un poco; casi el 1% de las casas habitación en México, están intestadas o en litigio, por su situación legal no resuelta.

Y ni qué decir de los crímenes. Parece que cuando hay dinero en juego, muchas personas se trastornan. A diario las páginas de los periódicos se llenan de historias de odio, muerte y asesinato, perpetrados entre familiares que querían quedarse con la herencia.

Y también es cierto que no se necesita una herencia millonaria para entrar en discusión, hay quienes pelean hasta por una casa de cartón, como si no tuvieran posibilidades de conseguir algo mejor, por méritos propios.

Esto puede sonar ajeno o muy fantástico, pues estando en sus cabales, nadie se imagina que un día le van a romper la cabeza por un techo. Pero al menos en México, es clásico escuchar, cuando alguien mayor muere, que no tardarán en llegar los hijos, los primos y hasta los vecinos a reclamar lo que, aseguran, les corresponde.

Se calcula que sólo 17% de la población mexicana tiene un testamento legalizado, mientras el resto no considera necesario hacer un trámite, que podría evitar muchos problemas cuando llegue el final. Y la estadística es mayor en personas jóvenes, que no contemplan como una prioridad darle un cauce legal a las cosas que tienen.

Quizá todo esto se debe a que, en México hay poca educación respecto a la cultura de la muerte, no es un tema que se hable con seriedad ni en términos reales, no se planea para el futuro ni tampoco se toman en cuenta los problemas que quedan, cuando alguien muere. Todo el mundo tiene una familia unida y feliz, hasta que llega la hora de repartir la herencia. Y para eso, poco importa en nivel socioeconómico, educativo, o la religión que se profese.

Valeria Lira

@CronicaMexicana

 

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