Cásate o muérete

Cásate o muérete

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“En lo próspero y en lo adverso, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte los separe…”

No, no es una sentencia de muerte ni la emisión de una condena carcelaria, es solamente lo que millones de mexicanos firman cada vez que se casan.

La verdad es que casarse no debería, bajo ninguna lógica, sonar a castigo o a crédito impagable, debería simplemente ser un compromiso de vida, asumido entre dos personas, pero con una caducidad realista, que tomara en cuenta, que hablamos de seres humanos cambiantes.

En la actualidad, es cada vez más común que los matrimonios se disuelvan a las dos horas, a los dos días, a los diez o a los 40 años de haberse dado, aunque en el pasado, esto ni siquiera era posible y estar casado era, más que un contrato, un grillete que obligaba a dos a estar unidos, aunque no quisieran.

Los mexicanos son tan románticos y enamoradizos, como son infieles y traicioneros; a la mayoría, tarde o temprano se les acaba el amor, porque no construyen sus relaciones en base a logros compartidos o crecimiento personal, sino en torno a ilusiones, príncipes azules que no existen y una serie de conceptos absurdos, aprendidos en las telenovelas.

Y aún con todo ello, tomando en cuenta que los mexicanos son simples seres humanos, el matrimonio debería estar considerado como un contrato con posibilidades de romperse, pues es un engaño pensar que la compatibilidad de caracteres puede durar toda la vida. En la mayoría de los casos, las parejas viven distanciamientos porque cambian, atraviesan crisis, e incluso sienten atracción por personas diferentes, y es entonces cuando el matrimonio se vuelve un estorbo.

Afortunadamente, desde 1914, México reconoce la figura del divorcio y cada vez otorga más facilidades para que las personas disuelvan sus matrimonios, sin mayor escándalo, aceptando que no es fácil siempre estar de acuerdo y hay diferencias que son irreconciliables.

Un matrimonio, como todas las relaciones humanas, tendría que ser un asunto fácil de romper, porque implica poner en juego emociones, sentimientos y valores que son volátiles y relativos; aunque en México algunas veces nos regresamos a la edad de piedra y hay parejas, sobre todo adultos mayores, que prefieren soportarse antes que pasar por la enorme y deshonrosa tragedia de un divorcio.

@CronicaMexicana

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