Víctimas del no saber

Víctimas del no saber

intolerancia1

Miedo, incertidumbre, preocupación o simple victimización. Mucho de lo que es el mundo del mexicano, funciona gracias a estos conceptos y su aplicación a la vida diaria en este país.

Por supuesto, habrá quien diga que los mexicanos son valientes, audaces y temerarios, pero en la realidad, mucho de lo que hacen y dicen, está detonado por el miedo a lo desconocido, la ignorancia y los prejuicios que se derivan de lo mismo.

Es lógico –si somos una sociedad criada desde el desconocimiento– que temamos a todo aquello que nos parece diferente, y se sale de la caja cuadrada de nuestra mente. Eso explicaría, tal vez y en buena medida, por qué en pleno siglo XXI, los mexicanos seguimos actuando como hombres de las cavernas, verdaderas bestias que reaccionan mal ante la evolución del resto de la humanidad.

Por ejemplo, muchas encuestas revelan que entre los mexicanos hay ciertos males que se preservan, entre ellos el racismo, el machismo y la intolerancia religiosa, de clases y de preferencias sexuales. Eso habla de que, quienes aquí habitan, todavía están siendo educados bajo un sesgo ideológico que no permite aceptar la diversidad, en cualquiera de sus formas.

En pocas y sencillas palabras, los mexicanos somos intolerantes en la misma proporción en que somos ignorantes, y tenemos una educación de pensamiento terriblemente pobre, casi propia de los seres más primitivos.

En cambio, se sabe que los países más desarrollados como Canadá, Noruega, Australia, Dinamarca e Inglaterra, son los que tienen los ciudadanos más tolerantes del planeta, abiertos a las diferentes expresiones del ser humano y negados a la violencia, que implica el no respetar a los que piensan diferente.

Las naciones pobres de África y Asia, con religiones cerradas y muy ortodoxas, son las menos tolerantes del mundo, e incluso es fácil observar que son las mismas que viven instaladas en conflictos civiles y bélicos que nunca se terminan.

México no es un país pobre en riqueza ideológica, así que no hace mucho sentido el rechazo que sus habitantes muestran constantemente a las variaciones en el pensamiento, y la forma de vida de los distintos sectores humanos que existen.

Y luego, todavía nos atrevemos a sorprendernos, cuando desde otras naciones nos ven como los más atrasados del mundo, vestidos igual que hace dos siglos y durmiendo abajo de un nopal.

Ignoramos todo, a nosotros mismos, a los demás, a los que son iguales y a los que son diferentes, y todo resulta en un país retrasado, sin posibilidades de salir adelante, sumido en un letargo absoluto y bastante penoso.

También vivimos temiendo ese extraño encuentro entre nosotros y lo desconocido, en un arranque de lucidez, que podría dejarnos ciegos de golpe ante la desnudez de la realidad.

Valeria Lira

@CronicaMexicana

 

Facebooktwittergoogle_plusredditpinterestlinkedinmail