¿Quién cose tus calzones?

¿Quién cose tus calzones?

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Adquirir una prenda de vestir parece tan sencillo como elegirla, y hacer un intercambio monetario con el vendedor. Pero detrás de esa transacción, aparentemente fácil, hay un mundo enorme de manos que trabajan a diario para construir la enorme industria del vestido en México, y que unos simples calzones puedan llegar al sitio donde son requeridos.

Conocida como “industria social”, por las implicaciones que tiene en la vida de las personas, este mercado vende más de 185 mil millones de pesos en México, y se ha visto impulsado en los últimos años, por la diversificación de marcas, tiendas y un acercamiento a los sectores populares de la población, los que cada vez tienen mayor capacidad adquisitiva, debido al crecimiento de los créditos bancarios y otras estrategias de venta.

Pese a las cifras alentadoras, también hay que recordar que hace unos 30 años, en México dominaba la industria del vestido nacional, donde la mayor parte de las prendas que se vendían en las tiendas, eran de manufactura mexicana, lo que daba empleo a millones de personas, aunque no siempre en las mejores condiciones.

Sólo hay que recordar a los grupos de costureras, que cobraron importancia con el terremoto de 1985, en la Ciudad de México. Gracias a ese desastre se descubrió que eran empleadas en condiciones de esclavitud, con salarios irrisorios y sin garantías de salud o seguridad.

De entonces a la fecha, esa industria ha decaído casi en 80%, debido principalmente a la entrada de productos asiáticos, que no pagan impuestos y se venden a precios mucho menores, aunque son de pésima calidad. Imposible competir con eso.

Como todo lo que se produce en el país, la ropa también enfrenta un difícil escenario, ante leyes que privilegian la importación y dan pocos incentivos a la industria nacional.

Según estadísticas, en México se gastan 21 millones de dólares anuales en el rubro del vestido, pero una buena parte no genera empleos ni deja dinero al país, más bien ocasiona pérdidas, porque se trata de productos de piratería, imitaciones y contrabando, que llega de manera ilegal, además de que forma parte de una enorme cadena, del crimen organizado.

Pese al negro panorama, los datos son alentadores y confirman que la industria del vestido está volviendo a tomar importancia en México, luego de un par de décadas en las que la economía minorista se vio castigada por la crisis, y una notable disminución en la capacidad adquisitiva de las familias mexicanas.

Actualmente, casi medio millón de mexicanos están empleados en el rubro de la fabricación de ropa y textiles, en general, que además está creciendo más de 10% al año, aun pese a la competencia desleal, y la insistencia del mercado en dar sitio a industrias y tiendas extranjeras, bastante atractivas para el consumidor promedio, pero perjudiciales para la economía nacional.

Así que, antes de comprar unos calzones por su bajo costo, hay que detenerse a pensar, cuál fue la cadena económica que los llevó al aparador donde están y si su precio bien vale la pena o es sólo una ilusión.

Valeria Lira

@CronicaMexicana

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