Santa Claus se va al Monte de Piedad

Santa Claus se va al Monte de Piedad

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“Qué importa la crisis, devaluación, la luna es de queso y es gratis el sol”, eso cantaba Ricky Luis en 1985, en un tiempo que, igual que hoy, no se vislumbraba nada bueno, en términos económicos, para México.

Es fácil para un adulto, observar que la situación monetaria va a la baja, los ingresos no alcanzan, todo es más caro y las deudas se incrementan en lugar de disminuir. Sin embargo, cuando se es niño la inocencia no permite ver esas cosas, aunque las circunstancias evidentes no sean las mejores.

Cuando llega el final del año, Santa Claus se pone a sudar, sólo de leer las cartas de los niños mexicanos, encantados por los artículos que venden las jugueteras multinacionales, la mayoría a precios exorbitantes, y lejos de las posibilidades reales de muchos de los que habitan este devaluado país.

En promedio, cada padre mexicano gasta 1,500 pesos en juguetes para Navidad, por cada niño, eso con una economía media y muchos atenidos a los créditos bancarios o los que ofrecen las tiendas departamentales.

Por otro lado, la tecnología ha transformado en mucho, la listas de deseos de los niños mexicanos. Al menos en los últimos cinco años, lo que ha predominado son los dispositivos electrónicos, las tabletas inteligentes y los celulares, lo que –además– ha encarecido los gastos de la temporada.

Las estadísticas señalan que la clientela, en las casas de empeño de todo el país, crece hasta 50% en temporada navideña, eso pese a que, en esa época, es cuando las personas tienen ingresos extra, por los aguinaldos que proveen los empleadores.

Y ya pasada la fiesta, viene la famosa “cuesta de enero”, cuando empiezan a llegar los recibos de las tarjetas, se acaba la emoción de la Navidad y muchos se disponen a enfrentar un nuevo año, lleno de deudas, incertidumbre y limitaciones económicas.

Las recomendaciones son muchas: no excederse en los gastos, no dejarse ir por ofertas engañosas, tratar de evitar los créditos para sufragar los gastos de la temporada, etcétera. No importa, porque la emoción de la temporada siempre gana, y además es justo que una vez en el año los esclavizados mexicanos, puedan darse el lujo de gastar un poco más. Ya después vendrán las culpas, las cuentas y los dramas.

Además, siempre hay una casa de empeño cerca, lo suficiente para llevar cargando la tele, el refrigerador y hasta la cama, que se van a empeñar, para salir de las deudas.

Suena horrible, pero eso no impide, al menos no todavía, que se dañe la fe que muchos niños tienen sobre la Navidad, la familia y un regalo esperado todo el años. Son cosas que sabrán cuando sean adultos, pero mejor que no lo sean, durante mucho tiempo.

Valeria Lira

@CronicaMexicana

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