Fashion runners, ¡se vale posar!

Fashion runners, ¡se vale posar!

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Shorts pegados, tan pegados que no alcanzas a distinguirles la tanga de la celulitis, tenis de color chillón, que gritan a los cuatro vientos de qué marca son, reloj fitness que marca el pulso, la hora y hasta el estado de ánimo, lentes oscuros y cualquier playera alusiva a una carrera masiva. Así se reconoce a los corredores de moda, esos que últimamente invaden las carreras en la Ciudad de México, y luego andan cantando sus metas en redes sociales, para que todo el mundo les grite que son grandes, fuertes, poderosos, inigualables y sobre todo deportistas.

Vivimos una época en la que la identidad personal es un tesoro que muchos perdieron, ya casi nadie entiende eso de “ser uno mismo”, y el reconocimiento público es la nueva panacea por la que nos arrancamos las vestiduras cada día.

En pocas palabras, la iletrada población de este frenético país, no es capaz de elegir lo que quiere hacer. Si correr está de moda, entonces corren, si tomar fotos es la novedad, entonces lo hacen, y si todos se vuelan los sesos y se avientan por el balcón, entonces seguro no rechazan la oportunidad de hacerlo también.

Correr es, como cualquier deporte, una disciplina que exige compromiso y muchas ganas, el problema es que últimamente, aprovechando esa necesidad de hacerse famosos, que tienen muchos mexicanos, el running ha dejado de ser un deporte como tal y ahora es moda. Todos quieren correr, comprarse los tenis más caros, inscribirse a las carreras más concurridas y tomarse la foto obligada en la meta (si no te la tomas es como si no hubieras corrido).

México debería estar catalogado como el país con más actitud antideportiva en todo el planeta. Probablemente es el único rincón del universo donde las personas creen, fielmente, que por ponerse un pantalón con un logo deportivo, y una gorra a la hora de ir por los tamales, ya hicieron ejercicio y merecen ser delgadas y esculturales. Y de esa gente están llenas las calles, los parques, las pistas, por supuesto las carreras, y también la sección de cremas adelgazantes en el supermercado.

Y ya para rematar, además de hacer toda una puesta en escena, los fashion runners caen redondos en la trampa de la mercadotecnia, y se inscriben puntualmente a una y otra carrera, con costos cada vez más elevados, para que les den su playera y poder presumir sus gracias. Eso, aunque abandonen el asunto a los 500 metros, porque les dio un calambre, les sudó el occipucio o les hicieron mala digestión los tacos de la noche anterior.

Todavía más desagradable: vemos cerrarse las calles y detrás todo un desplegado de publicidad, que no corresponde a ninguna actitud deportiva, solamente a las ganas de vender; alguien muy inteligente se está haciendo rico con la estupidez de los mexicanos, alguien que sabe que la moda es pasajera, y seguro ya está inventando una novedad para suplir al running, cuando pase de moda. Y entonces sólo permanecerán en la pista aquellos que sí quieran correr, esos que sí son grandes, fuertes, poderosos, inigualables y sobre todo deportistas.

Lo más interesante del caso es que la condición física no sabe mentir; en México, en China, en la calle, en el gimnasio y hasta en el escusado, la condición física se nota, y aquellos que la tienen no requieren de logos o de poses, les basta con hacer cada día lo que más aman en la vida.

Valeria Lira

@CronicaMexicana

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